Escenario político.

Por Gubidxa Guerrero.

Mucho se habla del desencanto generalizado por la política y los políticos. “Todos son iguales”, se escucha con insistencia; pero en muchas ocasiones desconocemos el modo en que operan los malos funcionarios.

            ¿Cómo roba un presidente municipal? ¿Cómo se hinchan de millones de pesos los burócratas altos y medios? ¿Por qué tanto interés en obtener un puesto público donde se administren los recursos de la ciudadanía?

            Es común pensar que la mayoría de los políticos desvía dinero para fines personales; que los acuerdos ‘en lo obscurito’ son burdas negociaciones para repartirse un botín. Y dicho prejuicio no está muy errado.

            No estamos señalando a un partido en particular, ni a uno solo de los municipios. Desafortunadamente los malos personajes están en todos los institutos políticos, en todos los niveles y en casi todas las comunidades.

            Es en la obra pública donde se enriquecen unos pocos. Pavimentando avenidas y callejones, y justificando el gasto de forma elevadísima. Así, vemos cómo la pavimentación de una cuadra llega a costar más de un millón de pesos. O peor aún, escuchamos el anuncio de obras públicas en colonias muy alejadas donde pocos pueden verificar el gasto. Sin embargo, en los informes anuales de gobierno, resulta que a esos lugares se les destinó un porcentaje alto del ramo 33.

            El método es el siguiente: un presidente municipal recibe en sus oficinas diferentes ofertas para realizar ciertas faenas; por ejemplo, construir un parque. Si el costo real, digamos, fuera de un millón y medio de pesos, en los justificantes aparecería ‘inflado’ al doble. Con el millón y medio sobrante, los malos empresarios y funcionarios se llenarían las carteras. El alcalde recibiría la mejor parte, pero también lo harían algunos de sus colaboradores. De esta manera el delito no podría ser comprobado. Estrictamente hablando, todo estaría ‘en regla’, y nadie podría verificar este colosal fraude.

            El negocio no es millonario, sino lo que le sigue. En una región como la nuestra, son cientos de millones de pesos al año los que se malversan. Por eso en estos tiempos las pugnas políticas son tan fuertes: pocos se quieren quedar fuera del negocio.

            Por supuesto que existen los verdaderos servidores públicos. Personas que transparentan el manejo de los recursos y que invierten a cabalidad el dinero del pueblo. Los hay en menor medida, pero ahí están; lo que permite guardar cierta esperanza para el futuro de la zona. Pero los buenos políticos requieren del apoyo de la ciudadanía; necesitan de un respaldo general. La apatía sólo favorece a los corruptos.

            Por ello,  en estos meses que ‘bajarán’ recursos estatales a las diferentes administraciones municipales, todos debemos tomar parte de la vida pública, y debemos convertirnos en vigilantes de los gastos del gobierno que vienen de nuestros impuestos. Esto hará una sociedad más sana. 

 

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