Escenario político.

Por Gubidxa Guerrero

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) está condenado a convertirse en un partidito cualquiera. Luego de quedarse a 0.5% de la Presidencia de la República y de ser dos veces –gracias al ‘efecto López Obrador’– segunda fuerza política nacional, el llamado Sol Azteca está más sombrío que nunca.

            Sus principales baluartes se marcharon. De hecho, quienes han sido sus únicos candidatos para llegar a Los Pinos: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Andrés Manuel López Obrador. El primero de ellos se fue después de la vergüenza de Iguala, en que policías de un municipio perredista, en un Estado perredista, mataron a seis personas (entre ellos tres normalistas) en las calles y carretera de la ciudad, y entregaron a 43 estudiantes más al cártel conocido como Los Rojos, que domina toda la zona norte del Estado de Guerrero, para que fueran ejecutados. AMLO, el segundo de los antedichos, se fue un año antes para fundar su propio partido, Morena, con el que intentará por tercera ocasión convertirse en titular del Poder Ejecutivo.

            La salida de Cárdenas constituye un golpe moral, ya que si el fundador del principal partido de izquierdas renuncia a él, significa que ya no lo considera representante de las legítimas esperanzas ciudadanas. Con todo y lo anterior, la renuncia del hijo de Tata Lázaro no afecta la estructura política del perredismo. Por el contrario, brinda un respiro a los llamados ‘Chuchos’, que ya no tendrán que ‘apartarle’ una posición como gesto de buena voluntad.         

            Pero, en cambio, la renuncia de Andrés Manuel va a minar profundamente no sólo la credibilidad del partido, sino su funcionamiento regular. Porque con AMLO se han ido muchos de sus operadores y, lo que es peor, algunos continúan en el PRD para seguir minándolo desde dentro.

            López Obrador ha repetido el proceso que vivió el PRI en su momento, cuando los izquierdistas abandonaron las filas del tricolor, con la diferencia de que los priístas disciplinados se quedaron (y muchos corruptos, claro está). El PRD, sin embargo, nunca ha contado con la disciplina de los priístas (y sí con algunos corruptos) lo que lo pone en una desventaja crucial.

            El PRD está destinado a ser un partido político provinciano. En casi todas las regiones del país tendrá afiliados que aprovecharán coyunturas locales para hacerse con el poder, pero no volverá a tener la presencia nacional que tuvo en su cuarto de siglo de existencia. Su lugar lo ocupará, sin duda, Morena. El tiempo hablará.

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