• En Domingo de Ramos, familias zapotecas convierten el panteón en un espacio de encuentro, memoria y continuidad entre vivos y muertos.
Faustino Romo Martínez.
Juchitán, Oax.- En esta ciudad del Istmo de Tehuantepec, el Domingo de Ramos se vive de una manera profundamente simbólica. Más allá de marcar el inicio de la Semana Santa, la fecha se convierte en un día de reencuentro entre familias y sus seres queridos que han partido.
Desde tempranas horas, cientos de familias zapotecas acuden al panteón municipal cargando flores, veladoras y recuerdos. Lejos de ser un espacio de duelo, el cementerio se transforma en un punto de convivencia, donde la memoria y la tradición se entrelazan.
“Es una tradición ancestral, pero que nosotros los zapotecas lo vivimos intensamente, porque venimos precisamente a visitar a nuestros muertos… tenemos esa idea de comunicarnos con ellos espiritualmente, estar con ellos, platicar y convivir”, expresó Roberto Xicoténcatl Mendoza Ferra, habitante de Juchitán.
Esta práctica tiene raíces que se remontan a tiempos prehispánicos. Mucho antes de la llegada del cristianismo, los pueblos zapotecas ya concebían la muerte como parte de la vida, manteniendo un vínculo permanente con sus difuntos.
Para Carmen Orozco López, también habitante de la localidad, la visita anual representa un acto de cercanía: “Recordarlos, platicar con ellos, es para que también ellos estén con nosotros. Es cada año”.
Miles de personas recorren las tumbas adornadas con flores multicolores. Entre rezos, conversaciones y silencios compartidos, el ambiente refleja identidad, pertenencia y continuidad cultural.
“Para nosotros es una parte de reflexión y convivencia, sentimos que nuestros seres queridos están aquí. También es importante para que como jóvenes sigamos revitalizando nuestra tradición y la identidad zapoteca”, señaló América Lizeth Vásquez López.
A diferencia de otras regiones del país donde la visita a los panteones ocurre principalmente durante el Día de Muertos, en Juchitán esta práctica también se realiza en Domingo de Ramos, como parte de una fusión entre creencias prehispánicas y tradiciones católicas. Para el pueblo zapoteca, la muerte no representa una ausencia definitiva, sino una continuidad de la vida en otro plano, donde los vínculos familiares permanecen.
Además, especialistas en cultura istmeña destacan que estas visitas no solo tienen un sentido espiritual, sino también social, ya que refuerzan la identidad comunitaria y el respeto por los ancestros, elementos fundamentales en la vida cotidiana del Istmo de Tehuantepec.
En Juchitán, el Domingo de Ramos no solo anuncia el inicio de la Semana Santa. Es, sobre todo, una fecha en la que la memoria cobra vida, donde los vivos regresan al encuentro de sus muertos y la tradición reafirma que, en esta tierra zapoteca, nadie se va del todo.