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    Pensar en la muerte es tan usual como pensar en la vida, algunas culturas evitan lo primero, y algunas otras como la mexicana hasta bromean con este natural fenómeno.

relación de la cultura con la muerte dice mucho de su relación con la vida. Una sociedad que tiene presente a la muerte, curiosamente, al mismo tiempo reverencia la vida “El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida”, decía Octavio Paz.

muertosssAsí, parte de la vitalidad del mexicano la encuentra en su desembarazada relación con la muerte; se le respeta, pero también se le acepta, y se le celebra. Lo anterior es altamente manifiesto en el tradicional Día de Muertos que sorprende al mundo entero.

Los orígenes de esta celebración viene de época prehispánica; multiplicidad de etnias como los mexicas, mayas, purépechas, totonacas, zapotecas, etc., hacían ofrendas no solo a sus dioses, también a sus muertos, y les hacían banquetes para que sus almas regresaran con ellos ciertos días al año. En el mundo terrenal los muertos eran bienvenidos pues aún seguían presentes en la memoria y el cariño de los seres cercanos.

El origen del Día de Muertos

La cultura en relación con la muerte en primera instancia se entrevé en los dioses directamente relacionados a la muerte. Así, al hablar de divinidad, en este tenor la muerte figura como una personalidad misma, un ser en sí, superior e inevitable.

muertosComo ejemplo de lo anterior, en el Panteón Mexica, Mictlantecuhtl (señor de Mictlán) y Mictecacíhuatl, fueron el dios y diosa de la muerte. En la mitología maya, Kizin (“El Apestoso”), Yum-Kimil, Hun Ahau, es el dios del inframundo, representado como un esqueleto con cara de jaguar.

Sobre el culto a la muerte (Toribio de Benavente) conocido como Motolinía apunta:

En la inteligencia de que los muertos no eran objeto de olvido ni desprecio, pues se les recordaba dedicándoles días especiales en los que lloraban ofreciendo por ellos comida y flores en sus sepulturas. Esto lo repetían periódicamente hasta el cuarto año de la muerte, en que cesaban estas demostraciones.

muertos3En el calendario mexica tonalpohualli (considerado como su calendario místico) conformado por 18 meses, habían al menos 6 festejos dedicados a los muertos.

Además de celebrarse a los muertos, de ayudarlos a su partida a Mictlán, también se les invocaba para pedirles ayuda, como apunta el investigador de la cultura nahua Patrick Johansson.

Los difuntos se invocaban para la siembra, la cacería o la guerra, se convocaban en el contexto de ritos mágicos, y se evocaban para distintos acontecimientos sociales.

Simbología del ritual del Día de Muertos.

Los misterios siempre habrán de invocar a la explicación. Y cuando no es posible observarlos, se imaginan. Se miran con ese otro ojo de la mente que construye su criterio con recuerdos, con lo que hay. El ritual de la muerte en México, el 1 y 2 de noviembre, es esa clase de misterio que, por un lado, se observa y se ejemplifica con símbolos pero por otro se imagina construyendo canales hacía el pasado.

muertos4La costumbre popular de ofrendar a los muertos en estas fechas es tan antigua como la propia civilización que antecedió la conquista y poco más. Incluso, hubo quienes afirmaron que el mexicano ha vivido y dormido con la muerte desde hace mucho tiempo. Se ríe con ella y se ríe de ella. Lo espera ella sentada en cada esquina; el mexicano lo sabe por eso es tan imprescindible ofrendarle cuando se puede.

Pero, volviendo a los símbolos, es preciso recordar que las antiguas culturas mexicanas contemplaron y estudiaron la naturaleza para atestar de significado a los que serían sus próximos símbolos de vida –uno de los más fuertes es por su puesto la muerte. Por eso es que no puedes encontrar más verdad sobre México que en sus símbolos, sus verdades cósmicas. No se puede ignorar la costumbre (un mero instrumento que conduce al símbolo) pero sobre todo no hay probabilidad de olvidar lo importante que es respetar estos símbolos para nuestra cultura.

muertos2Durante los Días de muertos, las calles de México –aún presumiendo su apabullaste globalización– se atavían de gran significado, la más elegante es sin duda la ofrenda.

La ofrenda mortuoria posa sus raíces en las danzas y los llamados cantos de lamentación que culturas como la azteca llevaban a cabo al respecto de sus muertos. Se oían pronunciar estos “lamentos” armónicos comúnmente cuando los guerreros morían; las viudas y los hijos salían de sus casas al sonido de ellos, y proceder a realizar un pequeño ritual que involucraba las armas del difunto, su vestimenta y sus insignias. Algo como lo que hoy se acostumbra cuando las pertenencias del difunto se colocan sobre una ofrenda.

Los guerreros muertos estaban vivos gracias a este ritual, que entre otras cosas celebraba el regreso de los guerreros a la “dimensión telúrica”, el origen. Luego de cuatro días de baile, los cuerpos eran sometidos a un proceso de amortaje para convertirse en bulto. Aquí iniciaba la ofrenda de alimentos.

Con la ofrenda se da por sentado que existen tantos símbolos como ingredientes folclóricos en ella; un ritual que eleva su importancia a la que se tiene por los difuntos queridos. Desde aquél entonces y hasta hoy en día –a unos 500 años de la colonización y la mezcolanza de culturas–, la ofrenda sigue teniendo por fin elogiar y alimentar a los muertos.

Algunas de las insignias más populares de la ofrenda y su traducción son:

Comida

Generalmente la favorita de los difuntos. También pueden agregarse placeres mundanos como los cigarros o el alcohol, si estos eran del agrado del fallecido. La tradición ha permitido mantener platillos típicos mexicanos como el mole con arroz.

Flores

Especialmente la flor de cempasúchil. Sirve de guía para los muertos de regreso al más allá.

Copal

Purifica. El copal también sirve de alimento a los espíritus, de guía a su regreso al más allá y ahuyenta las malas energías.

Veladoras (fuego)

Papel picado

Un puente entre la vida y la muerte.

Calaveras

Ya sea de azúcar o de chocolate, representan el espíritu de cada difunto de la familia.

Pan de muerto

Sirve de alimento a los espíritus. Antiguamente este alimento no existía, pero en su lugar se contaba con el sacrificio del corazón de una joven que posteriormente era introducido a una olla de amaranto hirviente.

Cruz de cal, semillas o flores

Son los cuatro puntos cardinales que antiguamente se asimilaban a las cuatro deidades de los cuatro elementos.

Imagen del difunto (o de un santo devoto)

La mezcla de culturas ha permitido que la devoción de las antiguas deudas haya cambiado de nombre. Hoy en día muchas ofrendas posan en su cúspide la imagen de un santo a quien se le reza para que interceda por sus difuntos. En otras ocasiones se expone la imagen de los difuntos ofrendados.

Sal

Para purificar las almas de los niños.

Vaso de agua

Para calmar la sed del espíritu.

Como bien se observa, en cada ofrenda se representan los elementos naturales (agua, tierra, fuego, viento; vaso con agua, semillas y flores, veladoras y papel picado respectivamente), justo como se hacía en épocas antiguas. El símbolo que es la ofrenda, es un reflejo de una ley cósmica que hasta la fecha hemos comprendido imaginando recuerdos, un símbolo que se dice eterno porque ha nacido de una verdad universal: la muerte.

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