Oscar Guerra/Politólogo. Twitter: @scarguerra

Mucho se ha escrito sobre la preocupante y terrible situación que vive nuestro estado, esto seguirá sucediendo mientras no se corrija el rumbo. No deja de ser cierto que Oaxaca vive una circunstancia extrema de pobreza y desigualdad generada por un modelo de desarrollo que ha polarizado y dividido en lugar de sumar y multiplicar.

Una de las expresiones más dramáticas que destroza la convivencia y la paz de los oaxaqueños es la descomposición social, producto del rezago económico y político en el que se encuentran inmersas –en mayor o menor grado- las ocho regiones de la entidad.

Algunos especialistas de los temas económicos-sociales han llegado a pensar, incluso a escribir que Oaxaca ya no tiene futuro si conserva los parámetros o encuadres ideológicos, políticos, económicos y sociales que definen su identidad. Que por el camino por el que vamos, no queda más que la resignación a vivir en un estado fallido.

Aunque muchos no lo admitan, por conveniencia o por el dolor que causa, los estudiosos del tema no dejan de tener razón. Los oaxaqueños pensamos que un futuro distinto es viable, que otro tipo de desarrollo es posible, que la precariedad o la pobreza no tienen por qué ser males eternos, y que existen oportunidades importantes para desplegar un conjunto de acciones y políticas públicas que se adhieran al concepto o idea de lograr un desarrollo con equidad, integral y sustentable.

Los oaxaqueños se caracterizan por su tenacidad y capacidad a no dejarse caer tan fácilmente y a sacar fuerzas de flaqueza para recomponer las cosas y salir adelante. La terrible situación que se vive en todos los niveles y en todas las capas sociales, es consecuencia de las cosas mal hechas y las malas decisiones de la sociedad en su conjunto.

A la cúpula gobernante, por no tener la capacidad y visión de llevarnos a buen puerto y a los ciudadanos por permitirlo, no se puede culpar a un solo grupo o sector, la culpa recae en todos, unos más que otros. Muchos piensan que Oaxaca aguanta más, incluso podemos seguir así sin que pase nada, pero siendo objetivos, hemos tocado fondo y es momento de hacer un viraje.

Un cambio que permita recomponer las cosas en los distintos planos. Constantemente existen quejas de la mala calidad en la educación, de los constantes bloqueos, del pésimo servicio en la red hospitalaria, de la tremenda corrupción en el gobierno, de la impunidad imperante en toda la sociedad, de la tremenda inseguridad que azota el estado, en fin, innumerables injusticias que a diario se cometen.

La convocatoria general a conjuntar esfuerzos para sacar a Oaxaca del bache en el que se encuentra, debe ser aprovechada en esta perspectiva particular. Nunca es tarde para remediar las cosas, por lo general las oportunidades se pueden crear y ser detonantes del cambio hacia un mejor porvenir. En nuestras manos está el lograrlo, de nosotros depende dejarle a la futuras generaciones de oaxaqueños un mejor horizonte.

El trabajo obviamente será arduo, nada nos será fácil, los obstáculos estarán presentes a cada paso rumbo al objetivo trazado. Las caídas o los errores que se cometan, nos recordarán que la prosperidad y el bienestar tienen un costo que bien vale la pena pagar. Con trabajo conjunto, compromiso, disciplina y amor por Oaxaca sí es posible un mejor futuro. 

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