Oscar Guerra/Politólogo     Twitter: @scarguerra

Después de cinco años de un pleito a muerte entre pueblos hermanos, los habitantes de Santa María del Mar decidieron marchar hacia la capital del país para exponer la problemática en el que están envueltos con San Mateo del Mar, deseando que las autoridades ahora sí tomen cartas en el asunto y pongan fin al conflicto agrario.

Santa María del Mar es una comunidad huave –cultura Ikoots- al igual el pueblo de San Mateo del Mar. Ambas colectividades se encuentra ubicadas en una península entre la Laguna Superior y el Golfo de Tehuantepec. Aun cuando pertenecen a la misma cultura y son vecinos, Santa María por la división política-administrativa es agencia municipal del municipio zapoteco de Juchitán y San Mateo del Mar es cabecera municipal.

Desde hace aproximadamente cinco años ambos pueblos se encuentran enfrascados en una disputa por más de mil hectáreas de tierra. Las dos comunidades argumentan que les pertenece. San Mateo expone que son tierras sagradas heredadas por sus ancestros, por lo que exigen justicia e imparcialidad en el ejercicio de defensa de sus derechos como pueblos originarios, por parte del Estado y las autoridades agrarias, pero Santa María posee en su defensa una resolución presidencial ejecutada en 1984 y que fue ratificada por el Tribunal Unitario Agrario.

En el año 2009, cuando se agudizó el conflicto, los habitantes de San Mateo decidieron cerrar el único camino que tienen sus hermanos huaves de Santa María para comunicarse con otros pueblos de la región, por lo que éstos desde entonces utilizan lanchas y canoas para salir de la comunidad cruzando la laguna inferior y superior para llegar al embarcadero conocido como el “faro” perteneciente a San Francisco del Mar, otro de los municipios Ikoot.

Como es costumbre en Oaxaca, las autoridades han sostenido infinidad de reuniones con los ciudadanos de ambos pueblos, con la intención de alcanzar acuerdos que posibiliten una solución definitiva, pero hasta el momento los resultados son nulos, cabe destacar que en estos años de conflicto, la violencia se ha ido incrementando en ambos bandos.

El incremento de la violencia se explica fundamentalmente por los acuerdos realizados por los huaves de Santa María con la empresa transnacional Mareña Renovable, con el objetivo de instalar un parque eólico en el espacio en disputa.

San Mateo en múltiples ocasiones ha externado que por ningún motivo permitirá la instalación de aerogeneradores en tierras que consideran sagradas: Wüx Leam o Tileme, considerado divino y de vida en donde los comuneros y autoridades Ikoots realizan actividades de pesca, pastoreo, actos de veneración y devoción de la Santa Cruz Tileme.

Por su parte, Santa María con diferentes acciones, de igual forma ha exigido una y otra vez a las autoridades municipales y estatales, así como a las instancias agrarias, poner fin al conflicto antes de que exista una matanza entre los habitantes de ambos pueblos.

Este tipo proyectos, sustentan los Ikoots de San Mateo, lo único que han generado en la región del Istmo de Tehuantepec es la apropiación de tierra de los campesinos zapotecas por parte de las empresas extranjeras, a través de contratos leoninos y que al paso de los años no se han visto los beneficios y que por el contrario, un parque eólico afectaría gravemente las condiciones de vida, desarrollo y elementos que les dan identidad. Santa María esgrime argumentos contrarios, sosteniendo que dicho proyecto traerá consigo bienestar para los habitantes de la comunidad.

Al paso de los años los pueblos Ikoots, lo único que han conseguido son promesas por parte de las autoridades municipales y estatales y que la solución no se encuentra a la vista, por lo que Santa María ha decidido emprender la marcha a la Ciudad de México para ver si el gobierno federal encuentra una solución a tan complicada situación.

En muchas ocasiones el estado se ha vestido de luto, ante las innumerables situaciones trágicas en las comunidades indígenas oaxaqueñas, hechos lamentables que han marcado a la sociedad y dejado sentimientos de desesperanza, por lo que esperamos que este no sea otro caso de lamentables consecuencias y que el Estado termine con el conflicto, garantizando la seguridad de las personas, su patrimonio y la observancia del Estado de Derecho.

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