«LA TEHUANA, EL CINE NACIONAL Y LA SANDUNGA»

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Primera de tres partes.

Héctor Melesio Ortega Gutiérrez

  • Testimonios remembranzas de poetas, turistas, escritores, poetas, pintores, artistas, directores cinematográficos de el mundo.

Desde los primeros albores que el Istmo de Tehuantepec tuvo en su nacimiento, fue señalado por la mano divina para ser una región encomiable, loable en riquezas naturales y humanas, los primeros hombres extranjeros que iniciaron la construcción del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, quedaron asombrados, al encontrar tantas maravillas en esta franca Ístmica que es la cintura de nuestra patria, sorprendidos de encontrar una raza humana-zapoteca superior en belleza, preparación intelectual a las que poblaban las otras regiones de México.

Su posición geográfica le da una enorme importancia comercial, ello propició que la estimularán la visita de varios viajeros, escritores y artistas que dejaron testimonio de sus vivencias en la región.

Y dejaron plasmado sus observaciones sobre la mujer istmeña, señalando siempre su presencia, su belleza, porte, liberalidad en sus costumbres, su sensualidad, su fuerza de carácter en el comercio, todo ello propició un misterio y alimentó una idealización sobre la mujer tehuana, que fue recreada por pintores, escritores, fotógrafos y por el cine.

LOS VIAJEROS coincidían en que la tehuana levantaba como un ejemplo de sensualidad y exotismo y que en el istmo privaba una sociedad matriarcal sin comparación en el país. En 1812 el sacerdote Julián García, atestiguó ante el tribunal de la Santa Inquisición sobre sus experiencias con la mujer istmeña me destina la obediencia a la Villa de Guadalcazar, provincia de Tehuantepec administrar los santos sacramentos en ambos idiomas, zapoteco-castellano.

En el siglo XX, el viajero francés Mathieu Fossey visitó el Istmo, señalando de sus mujeres «La primera ocasión que vi a una jóvenes tehuantepecanas en su vestido nacional, me parecieron divinas. Tienen su mirar y sus modales un aire de malicia que confronta perfectamente con lo airoso de su compostura. Cómo viven bajo un cielo abrazador, sucede que son apasionadas al placer. El Viajero que llega a Tehuantepec un día de fiesta y ve a esas jóvenes tan elegantemente ataviadas, queda admirado y embelesado, así como podría suceder a uno al encontrar una rozagante vegetación y frescas yerbas en medio de los arenales áridos de Libia».

Désire Charray, comentó que las zapotecas eran fuertes de carácter y altivas, «Es hermoso verlas plantadas como marimachos, con la cabeza en alto, el pecho levantado, caminando orgullosa y desafiando las miradas, muy seductoras a pesar de su aspecto viril, además rostros llenos de carácter, una carne firme y una silueta admirabl. Sus vestidos, graciosos y provocativos a la vez, aumentan el encanto de estas criaturas».

En 1928 Claudio Linatti, italiano pintó a una tehuana, el cual trasluce el cuerpo bajo finas telas que apenas la cubre al tiempo que porta su resplandor típico.

En el porfiriato las fotos de Walyey Walter Scout, que tiene fines de registro antropológico, y en ello llevaban implícita una idea de exoticidad. Es en esta época cuando la imagen de la tehuana se empieza a popularizar, así lo atestigua su aparición en kermeses, bailes y festejos populares, en los cuales las mujeres, para transmitir una idea de extranjerismo, vestían indistintamente con traje istmeño de odaliscas o de gitanas.

A mediados de 1910 y en especial con José Vasconcelos como Secretario de Educación Pública (1021-1924), se impulsó impulsar una filosofía revolucionaria y con ello una estética de lo nacional. Ahí encajaría perfectamente la figura de la tehuana como lo prueba su representación en los muros de la Secretaria de Educación Pública.

Es por esta época que sobre salen las tiples como María Conesa y Celia Montealbán, exaltando las bellezas ya conocida de la mujer zapoteca, pero ahora como símbolo nacional.

Charles Brasseur Bourboug, quien describió a una tehuana (presumiblemente Juana Cata, la mujer zapoteca), de la siguiente manera: «Era una India zapoteca, con la piel bronceada, joven, esbelta, elegante tan bella que encantaba los corazones de los blancos».

Recuerdo también que la primera vez que la vi quedé tan impresionado por su aire sobrevivió y orgulloso, por su riquísimo traje indígena, tan parecido a aquel con que los pintores representan a Isis; que creí ver a esta diosa Egipcia o a Cleopatra en persona. Lo repito, jamás he visto una imagen más impresionante de Isis o Cleopatra.

Diego Rivera luego de una estancia en Tehuantepec, y en la que se hospedó en el Hotel Oasis propietario de don Jorge Contreras, hizo relatos a sus amigos de una sociedad matriarcal, donde mujeres amazonas reinan sobre hombres hechizados. Donde bellas bañistas poseen una piel salpicada de manchas parecidas a la del leopardo. Así la tehuana concentraba en sí, las intenciones del Estado emanado de la Revolución Mexicana que buscaba crear una imagen de nacionalismo.

LAS PRIMERAS PELÍCULAS EN EL CINE NACIONAL.

Al momento de iniciar su popularización el cinematógrafo y en la época de Pascual Ortiz Rubio como Presidente de la República, inicia la campaña nacionalista (1831), aquí el cine le dio una realización nacionalista iniciando con película Allá en el Rancho Grande.

La primer película que existe del Istmo de Tehuantepec y sus mujeres, fue la relativa a la inauguración del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec en 1907, Y el motivo era dar testimonio del funcionamiento de esta magna obra Así aparecen en escena el ferrocarril, el barco de la Hawaian, el primer cargamento de Oriente, unos costales de azúcar y los personajes centrales: Porfirio Díaz, quien inaugura el ferrocarril y Weetman Pearson, el constructor ingles de esta obra. Filman estas escena Fernando Orozco, quien así demostró el éxito y modernización del régimen porfirista.

Existen escenas en donde la cámara escudriña los rostros cenizos de las mujeres y los niños bañándose en el río Tehuantepec. Esta es la primera vez que las tehuanas aparecen ante las cámaras cinematográficas.

Serguei Eisenstein director soviético que llegó a México para filmar la película ¡Que Viva México!, quien fue influenciado por las conversaciones de Diego Rivera, y sus nexos con algunos intelectuales mexicanos, decidió que unos de los episodios de esta obra cinematográfica fuera la «Zandunga», que sería filmada en Tehuantepec en diciembre de 1930.

En esta historia que fue dedicada al pintor Jean Charlot, se propuso relatar al trópico mexicano. Zandunga es la historia de Concepción, joven istmeña que desea un collar de oro y un marido, cómo quien obtiene una prenda. Así se siguió a la muchacha en las faenas laborales, en las vendimias del mercado, formando poco apoco su collar; se nos muestra cómo es pretendida por varios jóvenes, los preparativos para su boda, como logra casarse y formar una familia.

El mercado de Tehuantepec constituye un espectáculo interesante. Si uno mira una esquina del mercado parece que está en la India. Si vuelve la mirada las grandes ollas de barro que circundan a su joven vendedora, lo harán sentirse en Bagdad ¡Que Viva México! Confirmó en su escenas los postulados de belleza y laboriosidad de la mujer istmeña, pero también la idea de una sociedad matriarcal donde las mujeres trabajan y controlaban el comercio ante hombres indolentes que preferían descansar en la hamaca consentidos por sus mujeres.

Fuente
Voz (la realidad del Istmo) 15 de abril 2008.
Prof. MELESIO ORTEGA MARTÍNEZ

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