Tehuantepec., Oax.- El origen, ritualidad y simbolismo de las fiestas patronales en honor de Santo Domingo de Guzmán, santo patrón de esta localidad zapoteca, se habían perdido bajo un enorme techado de lámina patrocinado por la mayor cervecería de la región y cientos de botellas vacías de la misma empresa.

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Ya la gente no recordaba que antes del baile con los mejores grupos tropicales del momento, y la alegría proporcionada por la cerveza y el licor, existía todo un ritual previo al gran día de fiesta para honrar al fundador de la orden dominica, un hombre piadoso que rechazó tres veces ser obispo y prefirió ser siempre un misionero predicador.

Han sido varios los factores que contribuyeron a  desviar el interés de la población por la parte ritual de estas festividades, señala el cronista de Santo Domingo Tehuantepec, Rómulo Jiménez Celaya.

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“Esta fiesta tiene sin duda una reminiscencia colonial. Tras el paso de Fray Bartolomé de las Casas se estableció el culto a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden dominica, pero luego se pierde en la oscuridad el tiempo cómo se realizaba”, indica.

Fue hasta hace dos décadas, cuando la festividad estaba a punto de desaparecer, porque no había mayordomo que  pudiera sostener un gasto excesivo para llevar a cabo la fiesta para todo el pueblo, que la autoridad municipal tuvo que “entrarle al quite”.

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El cronista de Tehuantepec relata que el primer presidente municipal que absorbió la mayordomía fue Francisco Arango  Alvarado, a mediados de los años 90.

La sociedad había dejado de organizarse, ya no había cofradías, y las personas pudientes del pueblo que generalmente eran los mayordomos, tenían que repetir año tras año al no haber más candidatos solventes para pagar las fiestas”, sostiene.

La crisis económica fue sin duda uno de los factores que orilló a la autoridad municipal a asumir la mayordomía los tres años de su gestión, a fin de garantizar la permanencia de estas fiestas patronales, “Fiesta pueblo”, como también se le dice. 

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“Pero por otra parte, la gente se alejó, no sabemos las causas específicas; ya no asistía al Xhibeu, el primer día del mes, ni acudía a la Traída de flor, ni a la misa; sólo se concentraba en el baile y a tomar, por lo que se perdió toda esa parte ritual”, añade.

Rómulo Celaya continúa su relato: “Los los jóvenes de Tehuantepec ya no conocen su historia, su cultura, no saben qué es el Xhibeu ni por qué se va a la traída flores, o por qué se baila en el convite el Son del Pescado, el Son de Bandaga o Son de la hoja”.

Bueno, hasta la tradición de las carretas adornadas con flores y papel de china se había dejado de hacer porque ante lo moderno ya son pocas las yuntas que existen en esta localidad.

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El propósito original del convite consistía en que todos los gremios acompañaran a dejar las flores a la iglesia, por eso, narra, congregaba a los campesinos que cultivaban las flores para el santo patrón; a los pescadores, a los shuanas o cuidadores de las iglesias de los distintos barrios portando las velas labradas.

También congregaba a las mujeres de los shuanas, las shelashuanas,  ataviadas con su huipil grande o badaniroo de encaje almidonado que les enmarca el rostro. Todos encabezados por los mayordomos. 

Con el propósito de recuperar el origen, historia y ritualidad de las fiestas de Santo Domingo Tehuantepec, el actual mayordomo y presidente municipal, Donovan Rito García, erradicó, de entrada, la “enramada” de lámina por una de carrizo sostenido por troncos de bambú.

Se volvieron a organizar todas las actividades tradicionales que se realizaban anteriormente y se hizo una amplia labor de difusión invitando a la gente no solo de la ciudad, también de agencias y colonias, y de municipios cercanos, a participar.

“No todo ha salido al cien por ciento, como lo marca la tradición, y mire que los tehuanos somos bastante estrictos con nuestras costumbres, pero ya se vio un avance, ya vimos que más gente participó. Confiamos que en los próximos años las fiestas vayan mejor”, concluye el entrevistado. 

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