JUCHITAN

Por primera vez, Chicapa en la Guelaguetza

• Viva Chicapa, viva Juchitán, viva el Istmo de Tehuantepec, gritó la delegación chicapeña en la Rotonda de las azucenas.

La llamada máxima fiesta de los oaxaqueños llegó este lunes por la mañana. Cuando dieron las diez, miles de televidentes observaron maravillados las tres horas que duró el primer lunes del cerro, la Guelaguetza. Y al escucharse los primeros aplausos de un público que abarrotó el graderío, los hombres y mujeres de Chicapa, integrantes de la delegación de ese pueblo zapoteca, entraron al sueño que habían imaginado semanas atrás.

El auditorio estuvo repleto, no hubo espacio vacío en la laguna de ojos que apuntaba al escenario, a la rotonda. Tocó el momento de inaugurar con la ceremonia de hermandad de la diosa Centeotl, Lilia López Hernández, de Loma Bonita, quien abrazó en fraternidad a ocho mujeres que representaron las regiones oaxaqueñas. Un abrazo de tierra, viento, fuego y agua, abrazo de flores y cantos.

La diosa tomó su lugar, anunciaron la fiesta y en seguida, las chinas oaxaqueñas de doña Casilda Flores, se abrieron paso con el “jarabe del valle”, sus faldas coloridas y sus canastos de flores, las marmotas y figuras de celofán hicieron estallar los colores en los ojos.

Comenzó el segundo grupo del programa. Es seguro que las casas istmeñas hicieron silencio con el anuncio, por primera vez Chicapa de Castro, agencia de Juchitán, participaría en la Guelaguetza. Era un sueño profundo que se hizo realidad a las 10:30 de este lunes 22 de julio de 2019.

Poco antes, el Presidente municipal de Juchitán, Emilio Montero Pérez, dio ánimo a la delegación chicapeña, les deseó suerte, les pidió disfrutar el sueño. Mujeres y hombres vestidos a la usanza regional, se abrieron paso en la rotonda, al redoble de “San Judas Tadeo”, iniciaron su participación.

Chicapa: rapto y boda

Inicia el son “San Judas”, un narrador platica lo visto: una mujer comprando en el mercado es interceptada por su enamorado, quien le insiste en llevarla a su casa para vivir juntos, ella no quiere pero al fin acepta.

Se escuchan cohetes, la mujer y el hombre se esconden detrás de una cortina que simula la casa del hombre, es la consumación del sexo, ese hacer el amor del que tanto hablan los poetas zapotecas, pronto los padres encargan a los xhuaana informar a los padres de la novia que ha sido robada.

Mientras tanto, la novia es desvestida y tapada con una sábana blanca, rociada de pétalos como una virgen santa para anunciar su pureza. Al fondo se ve a los hombres armando las coronas de flores, la’pa’, y a las mujeres haciendo ademanes de cocinar un caldo de pollo para los asistentes.

Se escuchan las notas musicales de una marcha de fiesta, es la comitiva de la novia que por mandato de sus padres va a comprobar el estado de ella y a celebrar con fiesta y bebidas la buena nueva. Tocan el “Behuaxhiñá’” y por primera vez, bailan, las chicapeñas alzan su enagua de grandes flores bordadas a mano y bailan entre ellas, se abrazan, aman su femineidad, su sororidad, se aman como las grandes cómplices que son.

Regresan con música a casa de los padres de la novia. “Los plateados” se entona, la novia viste de blanco y usa un tápalo negro. Es la representación de la llevada de bebida a los padrinos de velación, llevan panes en un jicalpextle.

Las notas del “Mediu xhiga” se asoman por los oídos, es la boda, hombres y mujeres bailan con los cantaritos en mano el son de cooperación, cantaritos que serán rotos a los pies de los novios augurando prosperidad y amor. La entrega del baúl de la novia con las dotes comienza, vuelven los plateados a marcar la marcha para que la madrina de la novia lleve el baúl a casa del novio. Son otros los muros, es otra su intimidad. Un tápalo sobre el baúl representa el acompañamiento eterno de los padres de la novia.

La participación está a punto de finalizar, los danzantes toman un respiro para despedirse, el saxofón anuncia una penúltima intervención, suena “La chicapeña”, son compuesto para este momento, el vaivén orgulloso de las enaguas se despide de la rotonda. “Las mujeres bailando este son […] portando joyas de sus ancestros, brillando como la luz del sol”.

Lo último es la cumbia “A Chicapa”, demostrando la alegría con la que los Chicapeños gozan la vida en sus fiestas. Despiden al público con el movimiento de sus manos, sus sonrisas nunca desaparecieron, están felices, están satisfechos, dan su guelaguetza con el alma llena de amor por su pueblo. Dicen adiós en medio de vivas a Chicapa, a Juchitán de Zaragoza y al Istmo de Tehuantepec.

El cierre

El público es el mismo todos los años, igual de apasionado, de enamorado de Oaxaca. Después de Chicapa siguieron Chalcatongo de Hidalgo, Sola de Vega con sus chilenas y jarabes; la mística Huautla de Jiménez con sus sones mazatecos; Tlaxiaco, con su son mixteco, capaz de arrancar lágrimas a quienes ven o escuchan las transmisiones fuera del estado, oleada de sombreros llenos de nostalgia que invade los pensamientos.

Una delegación hermana istmeña arribó hacia las 12:35 a la rotonda: San Pedro Comitancillo con más sones istmeños para cobijar los corazones. Luego a las 13:19, Putla, Villa de Guerrero llegó a cerrar con su hermandad de regiones encontradas en un mismo lugar.

El carnaval putleco alzó los ánimos de todos los presentes y los puso a bailar con sus jarabes y chilenas para cerrar en jolgorio la edición matutina del primer lunes del cerro, ese encuentro que, como dicen, hermana en el canto, la poesía y la belleza.

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