Escenario político.

Por Gubidxa Guerrero

Dicen que la conquista española fue la calamidad de los pueblos originarios. Hace quinientos años los castellanos crearon un nuevo orden político y social en donde previamente existían señoríos y civilizaciones con historias, idiomas y culturas peculiares.

            Pero ni la dominación española logró erradicar la lengua de los zapotecas. Tres siglos de colonialismo no eliminaron el diidxazá entre los tehuanos, juchitecos, mitleños o yalaltecos. Porque la intención del reino español tampoco era esa, sino sostener un poderoso imperio en el que no se ocultara el sol, mediante sus cuantiosos recursos naturales y humanos.

            Lo que no se consiguió en trescientos años, parece estarse logrando en un par de generaciones con políticas públicas encaminadas a erradicar las lenguas y culturas originarias.

            La escuela oficial se ha convertido en el principal vehículo “desindianizador”, que es como algunos gobernantes llaman a la erradicación de las identidades étnicas, como la nahua, maya o zapoteca.

            A pesar de que existen cientos de miles de hablantes del zapoteco; a pesar de que de éstos, la inmensa mayoría sabe hablar y escribir en español, son muy pocas las personas que saben leer y escribir en su idioma materno.

            ¿A qué se debe? A que las instancias encargadas de la educación pública jamás se dedicaron a alfabetizar a los pueblos originarios en su propio idioma. Antes bien, los funcionarios gubernamentales creían que las lenguas autóctonas eran un estorbo en el aprendizaje del castellano. Se decía que el español traería el progreso por sí solo. El resultado fue terrible: pueblos pobres, subdesarrollados, olvidados de todos, pero hablantes de castellano.

            No obstante, todavía estamos a tiempo de revertir el obscuro panorama. Existen iniciativas para alfabetizar a niños, jóvenes y adultos en las poblaciones istmeñas.         Natalia Toledo y Víctor Cata encabezan un proyecto de alfabetización y creación literaria en zapoteco. Este noble ánimo es apoyado resueltamente por el Centro de las Artes de San Agustín, CaSa, fundado por el maestro Francisco Toledo en el Valle de Etla.

            Mediante sencillos cursos, los dos misioneros del diidxazá adentran a sus alumnos en el mundo de las letras en zapoteco. Comienzan desde los antecedentes de la escritura zapoteca, hace más de dos mil años, hasta los inicios del nuevo alfabeto, porque la llegada de los españoles no sólo trajo males, sino el uso de las grafías latinas. Con ellas los zapotecas pudieron representar su idioma desde hace quinientos años, hábito que cayó en desuso después de la independencia mexicana.

            Desde hace aproximadamente un siglo ha iniciado un movimiento intelectual entre los binnizá. Se han escrito poemas y canciones, novelas y cuentos en idioma zapoteco. Pero desafortunadamente son muy pocas las personas capaces de leerlos. Por eso ‘El camino de la iguana’, que es como se denomina el taller de creación literaria que imparten Toledo y Cata, trata de subsanar esta carencia.

            Al momento, más de mil personas han tomado el curso. Juchitán, Tehuantepec, San Blas Atempa, El Espinal, Álvaro Obregón, entre otras poblaciones, han tenido oportunidad de ser visitadas por estos maestros del lenguaje.

            El lunes 25 de agosto inició el taller en el Centro Cultural Herón Ríos del Comité Melendre, ubicado en la Col. Rodrigo Carrasco, Juchitán. Durante dos semanas, Víctor Cata y Natalia Toledo estarán compartiendo sus saberes con quienes deseen asistir. No importa la edad ni el nivel de estudios. Importa que hablen o entiendan zapoteco y que tengan nociones de la escritura. En dos semanas saldrán leyendo y escribiendo en zapoteco. Ya verán.

 

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