Hoy, los oaxaqueños ofrecen aguas frescas en iglesias, escuelas, negocios, parques y calles de Oaxaca.

El día de la Samaritana se celebra el cuarto viernes de cuaresma, tres semanas antes del viernes Santo.

Se colocan y adornan grandes ollas como pozos, algunas con ladrillos, la mayoría forradas con papel que simula ladrillos, y arcos de palma decorados con flores de buganvilia.

A compartir aguas de sabores.

En la cuaresma se puede observar a gente que regala aguas frescas en iglesias, escuelas, negocios, parques y calles de Oaxaca.

De acuerdo con información oficial, la entidad oaxaqueña es el único lugar de la República Mexicana que celebra esta fecha, tres semanas antes de “Viernes Santo”. Se cree que a finales del siglo XIX fue cuando inició esta celebración pero se desconoce en qué iglesia.

La tradición de La Samaritana se basa en un pasaje bíblico del evangelio de San Juan, cuando una mujer ofreció agua a Jesús. El pasaje, relata el encuentro de Jesús con una mujer en el pozo de Jacob en la ciudad de Siquem.

En Oaxaca se regala agua fresca a los visitantes y a cualquier persona que pase por uno de los pozos.

Santa Fotina

Se dice que inició a principios del siglo XIX en la capilla de San Francisco de Asís  y se basa en un relato bíblico descrito por Juan: “En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber.” Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.” La mujer le dice: “Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.” La mujer le dice: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.”

La Samaritana

Mujer samaritana o Jesús y la mujer samaritana en el pozo es la denominación convencional de un episodio bíblico neotestamentario representado frecuentemente en el arte cristiano.

El agua del pozo es comparada por Jesús con la gracia divina: El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la vida eterna. También compara los diferentes rituales de adoración de judíos y samaritanos, indicando la superación de tales diferencias en una nueva forma de relación con Dios: Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.

Tras comprobar la sabiduría de tal personaje, que demuestra conocer incluso detalles de su vida, la samaritana le induce a identificarse como el Mesías, llamado Cristo… Soy yo, el que habla contigo.

Actuando como una evangelizadora, corre a extender la noticia (¿No será el Mesías?), tras lo que muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer.

Los apóstoles se extrañan de que Jesús hable con una mujer, como en otras ocasiones evangélicas en que el papel de las mujeres es destacado. Enigmáticamente, Jesús utiliza una parábola para describir cómo sus discípulos van a aprovecharse de la predicación de la mujer samaritana: «Uno siembra y otro cosecha». Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.

Wikipedia.

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