• La Escuela 22 de marzo realizó un concurso para involucrar a los niños en la tradición

Rómulo Jiménez Celaya

Tehuantepec, Oax.- Este 16 de diciembre la Escuela Primaria 22 de marzo del fraccionamiento los Tamarindos realizó un concurso para involucrar a los niños en la tradición de La Rama.

Se calificó, el adorno de la rama, la vestimenta, los versos, el ritmo (la tonadita tehuana) y los instrumentos hechizos.

Con gran alegría participamos como jurado al lado de Mario Mecott Francisco, Juan José Cartas Antonio y José Manuel Villalobos Girón.

Desde luego agradecemos y felicitamos a los profesores, a los padres de familia y por supuesto, a los niños que participaron y lo hicieron con mucho entusiasmo.

Durante el evento vinieron a mi mente los recuerdos de la infancia y aquí les dejo algo de lo que pude recordar de esta hermosa tradición que sigue vive en nuestro Tehuantepec.

Ya está por demás mencionar que la tradición de la Rama nos llegó de Veracruz, no obstante, esto, nosotros la tomamos, la reinventamos y la hicimos nuestra. También es cierto que cada generación tiene su propia versión de la Rama en Tehuantepec. Aquí la nuestra, sin pretender contrapuntear las otras versiones.

Antes de “salir a la Rama” nos reuníamos en la casa del que nos “elegía” o nos “buscaba” para ensayar los versos. Por lo general éramos entre cinco y siete integrantes, niños de entre ocho y trece años de edad. Como no teníamos dinero para comprar los instrumentos musicales, cada quien confeccionaba el suyo.

Sonaja: Se buscaba un morro seco y por un huego que le hacíamos, lo vaciábamos y le introducíamos piedritas de rio para después tapar el hoyo con cera. También se hacía con una lata a la cual le metíamos piedrecitas y después aplastábamos la parte abierta para que las piedrecitas no se salieran.

Pandero: se elaboraba aplastando corcholatas con una piedra de rio y con un clavo les hacíamos un orificio en el centro, por esta perforación pasábamos la punta de un alambre recocido, para que al final termináramos uniendo las dos puntas de dicho alambre.
Clave: se obtenían cortando trozos de 15 centímetros de un palo de la escoba de palma. En ocasiones se utilizaban dos piedras de rio, que fueran redondas y del tamaño de un puño chico.

Güiro: Para esto se utilizaba el envase de cristal del refresco “fanta”, por su diseño que hasta ahora tiene, se asemeja a un güiro, y cuando es raspado con un palito, éste produce un sonido semejante al que origina el güiro.

Tambor: se utilizaba una lata a la cual adaptábamos un mecate de ixtle y lo colgábamos de nuestro cuello, de esta forma se nos facilitaba arrancarle el sonido con una o dos baquetas echas de palo de escoba.

Recuerdo que para elaborar nuestra Rama se cortaba un bracito del árbol de sauce, el cual adornábamos con serpentinas, heno (guixi niñu) y fabricábamos una casita, la cual poseía sus ventanas y puerta, y en el centro un orificio en donde se introducía una veladora encendida. Anteriormente en el interior de esta casita se colocaba una imagen chiquita del Niño Dios. Llega a mi memoria que para armar la casita utilizábamos la cajita de cartón en donde venían empaquetadas las galletas María.

Cada vez que las hojas de la rama de sauce se secaban, teníamos que sustituir la rama por otra rama fresca. Algunos niños para evitar este contratiempo cortaban una rama del árbol de guiriziña o del árbol de morro y las deshojaban. Se pintaba la rama con cal y la adornaban con serpentina, guixi niñu, globos, Algunos llevaban la casita y otro ya no, se usaban faroles y gusanillos colgantes, los cuales se elaboraban con papel metálico (aluminio plisado), de doble vista, de color rojo, azul y blanco y amarillo.

La hora para salir a la Rama era entre las cuatro y cinco de la tarde y terminaba entre las siete u ocho de la noche. El dinero que se recolectaba en un bote el cual estaba sellado y con una rajadura en el centro de la tapadera, bien se podía repartir cada noche o bien se guardaba para repartirse hasta el día 24 de diciembre. Al que le tocaba más dinero era al que se vestía de “vieja”. Recuerdo que todos nos vestíamos de ordinario: playera, pantalón o short, algunos con sandalias otros descalzos, y el niño que se vestía de vieja usaba un huipil de listones o de costura, una rabona, un chal para colocárselo en la cabeza y cubrirse el rostro. Este niño siempre iba descalzo.

Anteriormente no había mucha delincuencia pues la puerta principal de la casa estaba abierta de par en par, era entonces cuando parados en el umbral de la puerta le preguntábamos a la gente “¿Cantamos la Rama?” y si nos respondían que si entonces entrabamos a la casa y nos poníamos a cantar:

“Ya llego la Rama/ quítense el sombrero/ porque en esta casa vive un caballero/ vive un caballero, vive un general/ pedimos licencia para comenzar…

Estribillo: “Naranjas y limas / limas y limones / más linda es la virgen / que todas las flores…”
Luego comenzaba la primera de dos rondas de versos. Cada niño se tenía que aprender por los menos 20 versos para irlas cambiando en cada actuación. Los temas eran dos: dedicado a lo sacro y a lo chusco, se inventaban versos al Niño Dios, pero también a personas muy conocidas, las cuales arrancaban grandes carcajadas a los que nos escuchaban.

Mientras que el niño que cargaba la rama, el viejo y la vieja bailaban, los demás niños cantaban:
“En un jacalito/ de cal y arena / nació el niño Dios/ por la noche Buena…”

Estribillo: “Naranjas y limas / limas y limones / más linda es la virgen / que todas las flores…”
“Arriba del cerro tiraron basura / no se dieron cuenta que fue Chofi Ntura…”
Estribillo: “Naranjas y limas / limas y limones / más linda es la virgen / que todas las flores…”

Al terminar de cantar la gente introducía unas monedas a la latita que a veces lo traía el que cargaba la Rama o bien, el viejo o la vieja. Según la remuneración a nuestro canto nos despedíamos cantando mientras que salíamos de la casa: “ya se va la Rama / muy agradecida / porque en eta casa / fue bien recibida…” Y cuando se veía que la paga era pobre se cantaba para que los demás vecinos se enteraran: “ya se va la Rama / muy desconsolada / porque en esta casa / no le dieron nada…”

¡Ah, tiempo dxique´ (Tiempo pasado)!

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