ESCENARIO POLÍTICO

La ‘casa blanca’ de los Peña Rivera

Escenario Político.

Gubidxa Guerrero

El escándalo se generó horas previas a la visita de Estado de Enrique Peña Nieto a la República Popular China. Una investigación periodística reveló un conflicto de intereses en las altas esferas del poder, debido a que la esposa del titular del Ejecutivo adquirió una lujosa propiedad, valuada en más de 80 millones de pesos, a una empresa con la que el gobierno está en tratos.

            El asunto no es menor. Independientemente de que la señora Angélica Rivera tenga solvencia para pagar una cantidad que la inmensa mayoría de mexicanos no puede, el meollo es que haya hecho negocios con una empresa que, a su vez, hace negocios con el gobierno que dirige su marido. La relación entre la inmobiliaria y Peña Nieto viene desde que éste era gobernador del Estado de México. A eso, y no a otra cosa, obedece la sospecha.

            Cabe mencionar que la casa no es propiedad de la primera dama de México. Estaba efectuando pagos periódicos, y hasta que no terminara de sufragar no le sería entregada la escritura del inmueble.

            Pero el escándalo refleja el grado de crispación al interior de la sociedad mexicana. Las consecuencias inmediatos fueron: la cancelación de la licitación del tren de alta velocidad México-Querétaro (ya que una de las empresas que participaría era, precisamente, la que “vendió” la casa a la primera dama), y la cancelación del contrato para adquirir la mansión.

            Es preciso mencionar que la información que originó todo este penoso asunto no era del todo exacta, pues se manejó en un principio que la propiedad era del Presidente de la República, lo que sí hubiera constituido un delito. Al resultar de su esposa, el asunto deja de ser jurídico y entra en el terreno de lo ético, porque no deja de ser obvio el favoritismo al que está sujeto el círculo más cercano del presidente.

            ¿80 millones? En varios municipios de nuestra región istmeña eso es una bicoca. Si al alcalde de un pueblo “indígena” se le pierden 40 millones de pesos, si a un ex secretario de finanzas de uno de los Estados más pobres del país se le desaparecen 800 millones, si a una sección magisterial “combativa” se le fugan 600 millones, ¿qué son 80 millones? Minucias. Ni Enrique Peña Nieto ni el grupo Atlacomulco se preocupan por una simple casa, más allá del asunto mediático. Personalmente le creo a La Gaviota. La casa es de ella. Después de todo, en este país se le pagan fortunas inmensas a los “artistas”, mientras que algunos científicos ganan miserias. La pregunta es, ¿de quién es Pemex?, ¿de quién las minas de oro?, ¿de quién las ganancias por la venta de droga?

            La otra pregunta, con la que finalizo esta columna, es: ¿por qué casi todos los políticos están callados? Quizás recordaron la cita bíblica: el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra… ¿Cuántas casitas, avioncitos o barquitos tendrán? Pensarán que es mejor cambiar de tema.

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