Oscar Guerra/Politólogo. Twitter: @scarguerra

Muchos juchitecos salieron a las calles a exigir a las autoridades un alto a la ola de hechos violentos que azota el municipio istmeño. Esta marcha pacífica por las calles de Juchitán, nació a raíz del asesinato del joven empresario Antonio de Jesús Pineda Monroy, quien recibió un impacto de bala al resistirse al asalto de su negocio.

La inseguridad es un problema que se viene arrastrando durante varias administraciones municipales, se sabe que es un tema complejo, que no es un asunto solamente de policías y ladrones sino que tiene que ver con el resquebrajamiento del tejido social.

La seguridad pública ha sido y es centro de intranquilidad ciudadana e inquietud del gobernante. En los últimos años en Juchitán, el fenómeno de la inseguridad se ha desbordado, de acuerdo a los datos proporcionados por la subprocuraduría regional de justicia, el municipio ocupa el primer lugar en inseguridad por los múltiples robos y delitos de alto impacto como asaltos, secuestros, extorciones y asesinatos.

La iniciativa ciudadana que derivó en la marcha del pasado lunes 23 de junio, se originó en las redes sociales producto de la desesperación de cientos de personas ante la falta de aplicación de políticas públicas por parte de las autoridades que combatan de manera integral la inseguridad.

El contingente de ciudadanos que partió del monumento a los “Héroes Juchitecos” y que recorrió las principales calles de la ciudad de Juchitán, finalizó con un mitin en frente del palacio municipal con la presencia del presidente Saúl Vicente Vásquez, a quien los ciudadanos recriminaron su ineficiencia ante esta delicada situación.

Ante tantos reclamos, el munícipe juchiteco en su defensa manifestó que ponía sobre la mesa su renuncia, “si con eso se arreglan las cosas.” Sin embargo, la exigencia ciudadana no pasa por la renuncia del presidente en estos momentos, sino por la exigencia de acciones concretas, serias y eficaces cuyo único fin sea el de alcanzar la seguridad de la población, es decir, atacar de raíz el problema.

Al paso de los meses, la administración municipal que encabeza Saúl Vicente, está dejando mucho que desear; su ineficiencia e ineficacia para dar una solución al problema de la violencia e inseguridad queda evidenciado al culpar a las instituciones de seguridad del gobierno del estado, en vez de asumir su responsabilidad ante los juchitecos que lo eligieron.

El pueblo ya está harto de tanta retórica, lo que demanda es solución pronta y expedita de los problemas que desgarran la convivencia social. Tal parece que las autoridades responsables de garantizar la seguridad siguen sin entender el mensaje.

Este es un problema que involucra a todos, principalmente a los tres niveles de gobierno quienes no deben olvidar –porque muy a menudo sucede- que acabar con la inseguridad es requisito fundamental para la vigencia real de las libertades y los derechos humanos. En términos de Thomas Hobbes en el Leviatán, el Estado perdería su razón de ser si la seguridad no fuese garantizada, es por eso que hoy la heroica ciudad de Juchitán grita con gran fuerza, para quienes quieran escuchar, ¡alto a la inseguridad! 

Se está ante un reto mayor y la solución no será fácil, por lo que se apela a la sensibilidad, al talento y a la inteligencia de las autoridades correspondientes, pero al mismo tiempo, a la cooperación y trabajo conjunto de la ciudadanía. Por lo que la pelota, esta vez, se encuentra en ambas canchas. 

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