REPORTAJES

Istmo de Tehuantepec: mar de llanto, tragedia, dolor y olvido

  • A un año del terremoto que devastó la región istmeña, aún se resienten sus efectos, en muchos hogares hay luto y dolor, en sus calles están las evidencias, cientos de toneladas de escombros todavía permanecen como mudo testigo de la tragedia.
  • Miles de damnificados esperan los apoyos gubernamentales, cientos de viviendas y aulas escolares se encuentran sin reconstruir, el Istmo a un año sigue clamando ayuda.

    Rodolfo Vásquez Mendoza

Juchitán.- El día transcurrió sin novedad alguna, la vida continuó con el bullicio propio del mes patrio, cuatro puestos portátiles expendían productos alusivos a las fiestas patrias, cada puesto se ubicaban en cada una de las cuatro esquinas del parque central de Juchitán, la ciudad comercial por excelencia del Istmo de Tehuantepec.

 

La gente realizaba sus labores cotidianas, en los bajos y corredores del vetusto edificio del palacio municipal, decenas de vendedores ofrecían sus productos, curado de ciruela y nanche, dulce de coco se escuchaba decir a las vendedoras, también había quienes ofrecían enaguas y huipiles, trajes bordados tradicionales de la región istmeña.

También en los corredores, los puestos de comida se encontraban atiborrados por hambrientos comensales quienes buscaban los famosos caldos de pollo o de res, mientras tanto afuera, sobre la avenida 16 de septiembre, la calle principal, taxistas, moto taxistas y ruleteros se disputaban el pasaje. Ese día todo transcurría con normalidad.

La noche llegó, de inmediato los puestos de garnachas y pollo garnachero se instalaron frente al edificio denominado de los Símbolos Patrios, apenas daban las ocho de la noche y ya la gente se arremolinaba buscando un lugar en las mesas ubicadas al aire libre, otros parroquianos prefirieron acudir a algún bar cercano al centro de la ciudad, la gente disfrutaba como cualquier otro día al término de su jornada laboral, nadie imaginaba lo que estaba a punto de suceder.

La noche era fresca, el viento soplaba levemente, quizá presagiando tormenta, el reloj marcaba exactamente a las 11:45 de la noche de ese jueves 7 de septiembre del año 2017, fecha que quedo marcada en los corazones y pensamientos de todos los istmeños.

De repente, de la tierra se oyó un terrible estruendo, el cielo se tornó oscuro, de un color negro, toda la tierra se movía, las paredes de edificios y casas estrujaron, la tranquilidad de la noche se esfumó, la energía eléctrica dejo de funcionar, la noche se tornó más negra aún, durante los minutos subsecuentes todo era confusión, la gente corría hacia todos lados, a lo lejos se escuchaban llantos y gemidos, la ciudad era un total caos.

Las líneas telefónicas empezaron a fallar, la comunicación resultó insuficiente, poco después de la media noche los noticieros nacionales e internacionales empezaron a dar parte de la noticia, en la capital del estado corrió la voz como reguero de pólvora: “un terremoto de 8.2 grados en la escala de Richter -el mayor registrado en México de los últimos tiempos- sacudió el estado de Oaxaca, particularmente el Istmo de Tehuantepec”.

Cientos de casas quedaron derruidas esa fatídica noche del 7 de septiembre en toda la región istmeña, con ellas también se vinieron abajo cientos de ilusiones y esperanzas, aunque también aparecieron cientos de historias de vida, verdaderos héroes que hoy permanecen en el anonimato.

HISTORIAS DE VIDA

Como el de Mardonio, un padre de familia que salvó a su hijo de morir aplastado por toneladas de cemento: “mis hijos ya estaban durmiendo, mi mujer no se encontraba en casa por qué fue a visitar a sus familiares a Minatitlán, cuando de pronto escuche un fuerte ruido y seguidamente no me podía ponerme de pie, todo temblaba, mi ropero se cayo, también el mueble de la tele, como pude llegue a la recámara en donde dormían mis dos hijos, el mayor de 14 años logró salir, sin embargo el niño de 8 años lloraba y gritaba que lo ayudara, los morillos de la casa tronaban y empezaron a caer, logre alcanzar a mi hijo, lo cargue y camine hacia la salida, como pude alcance llegar a la puerta de entrada, avente a mi hijo hacia el patio, pero un trozo de palo alcanzó mi pierna izquierda y me fracturó el tobillo, era más grande mi miedo y mi afán de salvar a mis hijos que en ese momento yo no sentí dolor alguno, hoy a un año de distancia lo puedo contar, ese 7 de septiembre volvimos a nacer”, relata.

Rosita Santiago, oriunda de Santa María Xadani, población ubicada a tan solo unos minutos de Juchitán también tejió su propia historia, el segundo piso de su casa se les vino a bajo cuando ya descansaban, ella, su esposo y sus dos hijos intentaron salvarse del gran movimiento telúrico, los únicos que salieron con vida fue Rosita y su hijo Jesus Guerra Santiago, mientras que su esposo Orlando Arturo Guerra Jiménez y su pequeña hija Ajelet Yeshua Guerra Santiago murieron con el terremoto.

INDOLENCIA OFICIAL

Al igual que Rosita, cientos de damnificados, principalmente de los municipios de Juchitán, Ixtaltepec, Ixtepec, Santa María Petapa, Santo Domingo Petapa, el Bario de la Soledad, Matías Romero, Tehuantepec y Comitancillo, entre otros, a un año del terremoto, han sufrido del desdén y la indolencia gubernamental.

No bastaron las cuatro llegadas del presidente de la republica Enrique Peña Nieto a la región istmeña para apaciguar los ánimos de descontento de la ciudadanía, quienes en una sola voz han reclamado atención a sus demandas de reconstrucción de viviendas, escuelas y caminos: “hasta mi casa derrumbada llego Peña Nieto, me ofreció de todo, hasta una beca para los estudios de mi hijo, nada de eso ha llegado, han sido puras promesas que hasta la fecha o se han cumplido, aquí en Xadani no le creemos a los políticos”, lamentó Rosita.

En Juchitán, al olvido gubernamental federal se le ha unido el valemadrismo de la actual presidenta municipal, Gloria Sánchez Lopez, recién electa diputada local, quien en su afán de conseguir sufragios para su candidatura, prácticamente dejó al garete a sus conciudadanos, incluso en su momento utilizó la tragedia para robarse despensas, dinero y apoyos que en esos días aciagos llegaban por toneladas a Juchitán, todo lo utilizo para sus más allegados, amigos y parientes y también previendo su campaña electoral.

En la realización de los censos levantados en Juchitán, mucho tuvo que ver la presidenta municipal, según datos de Amable Cecilia Cruz, delegada en el estado de la CDI: “la lista final de damnificados la dio el Ayuntamiento juchiteco, encabezada por Gloria Sánchez”, habría asegurado la delegada.

De esta manera quedaron fuera de los pequeños apoyos del gobierno decenas de totoperas, artesanas, campesinos, cocineras, comerciantes, bordadoras y pequeños empresarios quienes han hecho de la economía juchiteca puntal en el desarrollo del Istmo.
De acuerdo a los datos oficiales, 65 mil viviendas sufrieron daños en su estructura, de las cuales 25 mil fueron censadas con daño total, hasta este mes de septiembre del 2018, únicamente 3 mil han sido reconstruidas

ECONOMÍA POR LOS SUELOS

A raíz del sismo del 7 de septiembre la economía en Juchitán se vino abajo, considerado el centro comercial istmeño por excelencia ha sufrido los embates de esta catástrofe.

A decir del presidente de la Cámara Nacional de comercio local (CANACO) Juan Gilberto Prado, muchos pequeños empresarios se vieron afectados severamente, otros prefirieron cerrar sus negocios al no encontrar créditos para rehabilitar sus negocios: “los 10 mil pesos anunciados para los dueños de comercios no sirvió para nada, ni el gobierno federal ni estatal han acudido en nuestro auxilio, por lo menos mil establecimientos han cerrado sus puertas después del sismo”, asegura.

Señala que en su momento con la entrega de tarjetas bancarias existió circulante en la región, aunque muchos damnificados prefirieron usarlos para la compra de comida, otros para medio construir, incluso algunos lo derrocharon, aunque también reconoció que fuera de ahí, el circulante ha faltado en la región.

En el caso de las personas dedicadas a la elaboración de totopos y pan, cientos de ellas han tenido que reconstruir sus hornos con sus propios recursos ante la falta de apoyos, el mismo panorama padecen las mujeres quienes se dedican a la elaboración de ropa típica de la región, estas tres actividades representan bastión importante de la economía istmeña, las tres se encuentran por los suelos, muchos quebraron sus negocios ante la falta de apoyos y circulante.

Hoy 7 de septiembre del 2018, se cumple un año del terrible terremoto que cimbro al Istmo de Tehuantepec, de las humildes viviendas de adobe y tejas que adornaban cada uno de los 42 municipios de la región, muchas ya no existen, el panorama cambió, hoy la cara del Istmo es otro, aún se observa en sus calles los rescoldos de la tragedia, aún hay casas derruidas, cientos de aulas escolares se encuentran sin reconstruir, existen caminos sin rehabilitar. Hoy a un año del sismo no hubo nada que festejar, hoy 7 de septiembre hay llanto, dolor y olvido, la vida ya no es igual.

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