ESTATALES

Gabino ¿vive?

Las otras verdades / Eduardo Cruz Silva

El gobierno tuvo su origen en el propósito de encontrar una forma de asociación que defienda y proteja la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos. (Jean Jacques Rousseau).

La cuenta regresiva para poner el punto final a la gestión del llamado “gobierno del cambio” de Gabino Cué Monteagudo, se sigue agotando y aunque a todos, les llega el juicio de la historia y de la sociedad, en el caso de Cué Monteagudo, ese juicio se ha venido adelantando ante la gran decepción que provocó el gobierno aliancista que no respondió a las expectativas del pueblo oaxaqueño.

Muchos ya olvidaron el jolgorio que se organizó para darle la bienvenida a la alternancia democrática en Oaxaca, hoy, si le pusiéramos música al final del gobierno de Gabino, la marcha fúnebre apenas le quedaría al pelo. Desde hace mucho el principio de autoridad y gobierno en Oaxaca se fue difuminando para quedar en un remedo, en la que las más de las veces Cué Monteagudo parece vivir en otra realidad muy distinta al de la sociedad.

La Alianza por la Paz y el Progreso de Oaxaca, fue una mala broma. Hoy los oaxaqueños ni tenemos paz, ni tenemos progreso. Se ve una sociedad ofendida, la economía al punto del colapso, una red carretera de las peores del país, pésimos servicios de salud, obra de gobierno microscópica, etcétera. Eso sí, los vicios que tanto se criticaron de saqueo y corrupción de los gobiernos priístas, con Gabino Cué se magnificaron.

Tan ha desaparecido del mapa Gabino Cué Monteagudo, que ahora sólo se limita en aparecer en actos en donde se ve obligado en asistir por la presencia de funcionarios federales. Sus declaraciones suenan bofas y si acaso, se atreve a tocar el tema del problema magisterial que mantiene secuestrada a Oaxaca sus expresiones son estúpidas y carentes de credibilidad.

Si hacemos un repaso de la historia de Oaxaca, cíclicamente en algún punto de su territorio se presentan conflictos de diversa índole y en muchos de los casos, con derramamiento de sangre. Pocos han sido los gobernantes que han logrado mantener un clima de paz y trabajo en toda la geografía oaxaqueña. Somos en si, una entidad federativa en constante efervescencia política y social.

Tras la Revolución Mexicana, que tampoco trajo un mejoramiento a las condiciones de vida de los oaxaqueños. En la gubernatura del estado han desfilado personajes, que van desde aquellos que entendieron la realidad del pueblo de Oaxaca y trabajaron incansablemente a su favor, hasta aquellos que solamente vieron al Estado como un botín.

En las ultimas décadas, la búsqueda del poder por el poder en Oaxaca ha dejado de lado los valores morales y éticos de las personas que buscan o son impulsadas para obtener una posición política, ni que decir de aquellos que ostentan un cargo obtenido por amistad, complicidad o contubernio político. Eso ocasiona que el “servidor publico” trate de quedar bien con todos, dejando al último al simple ciudadano.

El tejido social de Oaxaca se encuentra en un estado de descomposición tal, que despide un olor nauseabundo. Nadie absolutamente nadie, ha podido hasta ahora, hacer despertar al gobernador de Oaxaca de su marasmo, en el resto de sus colaboradores la cosa se pone peor, cada uno siguiendo su propia agenda de ambiciones.

En la recta final, muchos nos preguntamos: ¿si Gabino vive? La clase política de Oaxaca ha mudado sus esperanzas en el nuevo gobierno del cachorro Murat, pues al igual que el resto de los oaxaqueños empezamos a ver a la espalda un sexenio de gobierno perdido. Lamentable, pero si estábamos jodidos, quedamos peor.

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