Se concretó la farsa con el 1.5% de los ciudadanos

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Escenario Político

Gubidxa Guerrero

Lo que parecía una sesión más, que inauguraba la Fase Consultiva del proceso de Consulta Eólica en Juchitán, terminó convirtiéndose en una burda simulación carente de legitimidad. Pese a la recomendación de especialistas, organizaciones y académicos, la Fase Consultiva se realizó en una sola sesión ante aproximadamente 1500 juchitecos, que no constituyen ni el 2% de los habitantes.

Nada costaba intentar lograr el consenso general mediante un plebiscito que no dejara lugar a dudas. Finalmente sucedió lo que algunos habían pronosticado: el Comité Técnico Asesor encabezado por el Presidente Municipal de Juchitán, Saúl Vicente Vásquez, se prestó a la farsa.

Fingiendo que estaba ante cien mil juchitecos, el alcalde preguntó a los aproximadamente mil asistentes que quedaban en el lugar casi a la media noche, si estaban de acuerdo “en otorgar el consentimiento para la instalación del parque eólico de la empresa Eólica del Sur en Juchitán con los beneficios que se han presentado”. Salvo la abstención expresa del Comité Melendre –cuyo representante previamente había dicho que una consulta sin la participación mayoritaria del pueblo no podría ser legítima– toda la concurrencia representó su papel votando según las directrices previamente dadas. Estar a favor o en contra era reconocer la validez de dicha pregunta, por lo que se optó a la renuncia pública de sufragar en ese momento.

A continuación, el alcalde de Juchitán dijo a los asistentes lo siguiente: “También les pregunto, paisanas y paisanos, porque se presentaron aquí los planteamientos donde me están pidiendo que haga una firma en nombre de todas las instancias representativas aquí presentes; y entonces yo les pregunto si están de acuerdo con eso, porque fueron algunos los que presentaron, y los que estén de acuerdo con que el Presidente Municipal, Saúl Vicente Vásquez, firme un Acta que se elabore con este acuerdo tomado en esta Asamblea Consultiva”. Casi todos alzaron la mano votando a favor. Cuando el susodicho preguntó si había alguna persona u organización que estuviera en contra de la propuesta, el Comité Melendre a través de su representante alzó la mano, dejando claro que no avalaba dicho procedimiento por no estar apegado al espíritu de una verdadera Consulta democrática.

Después, el alcalde de Juchitán preguntó a los asistentes: “Si están de acuerdo en que en este acuerdo y el Acta que se levante se anexe la firma de la Lista de Asistencia de todos los que hoy están presentes en esta Asamblea y que estuvieron a favor del proyecto y que se manifestaron a favor de los beneficios”. Casi toda la concurrencia alzó la mano aprobando esta propuesta que viola los principios elementales de la democracia, pues no puede usarse una lista de asistencia para tales fines. Nuevamente, el único voto en contra provino del Comité Melendre.

La Asamblea que se realizó este jueves 30 de julio de 2015 tiene todos los elementos para ser declarada invalida, ya que, además de los cientos de ‘acarreados’, contó con la participación de menos del 2% de la población. Para ser exactos, el 1.5%. Es como si en un pueblo de mil habitantes hubiesen llegado 15 ciudadanos para decidir por el conjunto, y que los otros 985 se viesen obligados a aceptar el resultado…

El punto no es si se consideró aprobado el proyecto de Eólica del Sur. El problema es que el procedimiento fue un circo y sienta las bases de un nuevo conflicto social. En caso de que hubiese ganado el ‘no’, bajo el mismo procedimiento, igual sería mi parecer. No se puede decir que el pueblo de Juchitán, integrado por cien mil personas, dijo ‘sí’ o ‘no’, cuando ni siquiera se le preguntó.

El parque de Eólica del Sur seguramente se construirá, como se han construido más de diez en terrenos de Juchitán. Pero se hará contra derecho, sin tomar en cuenta a la inmensa mayoría de la población.

De haberse realizado el plebiscito informado, muy probablemente hubiese ganado el ‘sí’, pero el mero ejercicio significaría empoderar a la ciudadanía, cosa que ciertas empresas, políticos y gobiernos temen. Ese es el verdadero problema para algunos. Por ello, prefieren entenderse con los dirigentes de “izquierda”, que fácilmente pueden llenar un auditorio o recabar tres mil firmas, que consultar a un pueblo de cien mil almas. La Historia cobrará cara la afrenta.

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