Por Felipe López Pérez

No obstante ser una zona inmensamente rica, el Istmo denota un impresionante atraso que no puede ignorarse más. Imposible pasar por alto la verdadera y cruda realidad actual de esta región.

Que también es una zona muy conflictiva, de acuerdo. Sin embargo eso no significa que sus pueblos no pueden merecer un mejor destino.

Lo que más afecta es la manera como los habitantes se ven obligados a someterse al desdén y al olvido de los gobiernos federal y estatal que, aunado a la barbarie de los grupos sociales que aquí han sentado sus reales y han hecho de las necesidades de los pueblos su modus vivendi, el Istmo no puede definir un mejor rumbo.

Pero el istmo es una tierra prodiga, rica en acontecimientos sociales pero más benigna por su posición. Cuenta con mares, bosques, planicies, agua, vientos, yacimientos de oro, carbón mineral y también se habla de petróleo y de muchas otras riquezas naturales.

Pero, hace cuanto no arriban nuevas inversiones a la región aunque muchos digan lo contrario y los oportunistas se conformen solamente con algunas empresas que solo proporcionan empleos de mostrador y buscan llenar sus huecos con mano de obra barata que no representa una verdadera oportunidad de progreso.

Después del desarrollo eólico en la zona ya no existen factorías fuertes que representen una verdadera derrama económica. La pesca está quebrada porque no se le ha puesto atención, el campo se encuentra olvidado y las expectativas empresariales simplemente no aterrizan.

Los grupos sociales, que a todo se oponen para poder sacar provecho, más que por la verdadera defensa de la identidad nuestra, cierran toda posibilidad al desarrollo y al arribo de otras empresas; boicotean nuevas firmas de inversión y todo intento de dar frescura a los negocios de las empresas instaladas en la región cuya expansión está atrasada por miedo, por temor a ser rechazados o chantajeados por los supuestos dirigentes sociales y hasta por la delincuencia organizada.

Y si a todo esto se le suma la visión mediocre del gobierno federal y estatal, que no ven más allá de sus narices y son incapaces de avizorar el futuro en grande, porque hoy viven de las ganancias que les ofrece a manos llenas el poder, el Istmo continuará en las mismas condiciones, es decir, en una impresionante parálisis, inmerso en guerras estúpidas e intestinas que lo hunden y le cierran toda posibilidad para salir adelante.

Hasta la Presidencia de la República, conociendo la importancia del Istmo inventa cada seis años una serie de proyectos que solo sirven para generar expectativas, pero en los hechos nunca aterrizan y jamás se vuelven realidad.

En los tiempo del PAN, -hablamos de lo más reciente- el título del proyecto gubernamental para sacar adelante al Istmo fue el Plan Puebla-Panamá, pero con el PRI nuevamente en el poder, se le ha llamado Zona Económica Especial. Antes ha tenido varios nombres.

El objetivo del proyecto Zona Económica Especial sería buscar cerrar las brechas regionales para crear nuevos polos de desarrollo industrial con miras de atraer inversiones, generar empleos de calidad, desarrollar cadenas de valor bajo la idea de detonar con ello una demanda de servicios locales a fin de otorgar beneficios a la población.

Todo esto para declarar el Istmo como un lugar adecuado para este tipo de proyectos, -y lo asegura el gobierno federal que tuvo que reconocer una vez más que este es un sitio del país con ventajas naturales y logísticas, para convertirlo en una región altamente productiva-.

Sin embargo todo ha quedado en el plano de la verborrea, del discurso solamente. Concluirá la presente administración y la región del Istmo de Tehuantepec que abarca los estados de Veracruz, Oaxaca y Chiapas no verá nunca que el proyecto del gobierno actual aterrice en serio.

¿Qué hacen los alcaldes de la zona de Oaxaca para atacar el atraso, la falta de oportunidades para los jóvenes principalmente, que son quienes tienen necesidad de trabajar para evitar perder el tiempo en nimiedades o en el peor de los casos, ser utilizados en los negocios turbios?
La mayoría de estas ¡¡Nada!!, no mueven un solo dedo, no tienen con qué, no tanto porque no les interesa preocuparse por ahora del destino de las nuevas generaciones, sino porque están atadas al carecer de los recursos para poder actuar.

Sí, los gobernantes pueden presumir de que las cosas están muy bien, como ahora mismo el presidente Enrique Peña Nieto mencionó en su Quinto Informe de Gobierno. ¿Dónde está entonces el país del que nos habló? ¡No existe!

La población, la sociedad en su conjunto no ve otra realidad más que la que se vive a ras de tierra, sin oportunidades de cambio, vamos, ni siquiera de la existencia de un buen plan para empujar hacía mejores expectativas.

Los jóvenes están peor que el resto de la población. Ni las instituciones educativas que como tal deberían de interesarse en el destino de ellos, tienen manera de encauzarlos para que puedan alcanzar sus expectativas.

¿Qué caso tiene llenar de universidades y tecnológicos la región si los jóvenes terminan aceptando empleos de mostrador, recibiendo migajas donde no aplican sus potencialidades y no son aprovechados como tiene que ser, para poder reforzar sus exigencias inmediatas?.

Los únicos jóvenes que están bien en Oaxaca son los jóvenes que importó de otros estados de la república el actual gobernador Alejandro Murat Casab para gobernar con él, pero los jóvenes oaxaqueños, los que realamente votaron a su favor, ellos siguen esperando una oportunidad para ser tomados en cuenta, pese a la capacidad que pudieran demostrar en cualquier área y ante cualquier reto, porque para eso muchos se han preparado en las universidades.

No hay duda que la falta de oportunidades vuelve sombrío el panorama de muchos de los jóvenes actuales en Oaxaca.

¿Tendrá el gobierno de Alejandro Murat una idea de lo mucho que se está desaprovechando el Istmo? si no lo sabe, alguien se lo tiene que decir, para despertar del largo letargo que muchos gobiernos han padecido, razón por la cual, las regiones como el Istmo no detonan.

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