JUCHITAN

EL MEXICO DE HOY

Expectativas desviadas, ilusiones acotadas.

por Iván Regalado López

Unión Hidalgo, Oaxaca

La mala división social de nuestro país, la desigualdad, la injusticia y la corrupción, son tan solo algunos argumentos verídicos que han generado un descontento intenso, globalizado y extremadamente crítico entre las sociedades que integran la república, es incluso un grueso comentario que circula en las redes sociales y que mantiene en jaque al gobierno federal; el clamor: la utópica convocatoria para una nueva revolución.
Una revolución que por cierto en este 2014 cumple 104 años desde su gestación y que liberó a la nación del yugo dictatorial que lo mantenía postrado a intereses de un reducido grupo, con un paternalismo que duró más de tres décadas, sucumbiendo, explotando y enajenando al pueblo entero.

En la actualidad, una neo-revolución es promovida en las plataformas de información virtual y es una constante que delimita el grado de intolerancia del gobierno, un llamamiento popular que ningún político anticipó ni calculó ante la degradación miserable en que han conducido al país. Las trincheras de muchas conciencias están hoy alistándose para lo que viene, el hartazgo ha dinamitado la paciencia de una ciudadanía cansada de tanta simulación y opulencia, resultado del quehacer político en México y la supuesta división de poderes, de la frialdad con la que se conduce un sistema judicial que solo sirve en múltiples ocasiones para favorecer a la propia delincuencia y no a quienes acuden a ella como un refugio protectora. Una soberanía nacional arrinconada y manoseada.

Hoy los gobiernos de los distintos niveles, se preocupan por la riqueza que por atender el clamor justo del pueblo, sería bueno recordarles que son sirvientes, que están ahí porque fueron votados por las mayorías y que como tal deberán asumir con rectitud la misión de servir y no como equivocadamente se ha hecho en la realidad, servirse de las recursos que ni siquiera les pertenece. Los gobiernos o la figura del poder tienen la obligación de satisfacer las necesidades colectivas para alcanzar el máximo avance y no arroparse en ella para cubrir sus atrocidades y vejaciones, abusando permanentemente de una posición conferida de forma importante por los electores. Ahí están los casos más sonados y trillados como la de Iguala y Tlatlaya, ahí está la exhibición onerosa de la casa de las lomas y del avión presidencial, ahí están las estadísticas de desempleo y alta marginación en los estados de Chiapas y Oaxaca, ahí están los abusos para acallar la libertad de prensa y la voz de los pueblos indígenas mediante las radios comunitarias, ahí están tantas y tantas aberraciones que nos han llevado como país a desconfiar de la literatura política y sus conceptos, esa que debería salvaguardar nuestro futuro ciudadano.

El país está de cabeza y esto es un gran secreto a voces, la serie de manifestaciones en distintos estados de la república y en numerosas partes del mundo acerca del caso Ayotzinapa, mantiene en vilo y en alerta constante a un gobierno que busca por todos los medios posibles, minimizar el tema y evadir la responsabilidad del estado para la procuración, impartición y satisfacción de la justicia. Los errores en las que han incurridos funcionarios y hasta la propia presidencia ha partido en pedazos la confianza ciudadana al grado que el porcentaje de aceptación y percepción social se redujo verticalmente, es decir, la caída es estrepitosa y el costo político pudiera ser peor. La desviación hacia otros asuntos no les ha resultado, la atención popular sigue latente en el caso de los estudiantes desaparecidos. 

¿Es el México que esperábamos en verdad?.

Debo suponer que no, la realidad rebasa cualquier expectativa ambiciosa y propositiva si hablamos de las reformas aprobadas por ejemplo, o si nos abocamos a comentar simplemente de los últimos acontecimientos sociales que han sacudido en tan solo un par de meses a un país entero, tanto que se prevé, que esta coyuntura sea parte aguas para el inicio de esa revolución que insistentemente se pregona en las protestas y en las plataformas tecnológicas mencionadas no controladas por el gobierno como las redes sociales.

Podemos mencionar e insistir en un ejemplo claro, un asunto que de no atenderse pronto, pudiera derivar en un conato a la postre incontrolable y que ha sucedido en una de las regiones más complejas y critica política y socialmente hablando del país; la región del Istmo de Tehuantepec. Los operativos de desmantelamiento de algunas radios comunitarias ordenadas desde el Instituto Federal de Telecomunicaciones y que operan en dicha región, es sin duda un foco rojo que de manera intermitente está encendida y de no ser atendida prontamente, se estaría frente a un escenario que eclipsaría aun más el ejercicio de un gobierno que no ha sabido manejar el entorno y las problemáticas sociales, en lugar de ello, utiliza la fuerza del estado para sofocar estos conflictos.

Los eslabones hacia un estallido se van agrupando, las respuestas esperadas cada vez se amordazan y no circulan con vehemencia, las soluciones y los resultados están alejadas de la sociedad, un estado envuelto en frivolidades y discursos huecos que no terminan de convencer a las masas, al contrario las reprime y los tilda de revoltosos. 

Es el México de hoy, esta que ofrece un futuro acotado para nuestros hijos, es el país de las maravillas, emulando la ficción con la que se le quiere presentar en el mundo. 
Y no es que sea pesimista, es difícil poder callar cuando la realidad supera nuestra propia expectativa, esa ilusión de tener algún día, un país más justo, equitativo y sin la gran división que la desangra.

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