ESCENARIO POLÍTICO

De la “independencia” de algunos medios periodísticos

Escenario Político.

Gubidxa Guerrero

Uno de los medios periodísticos más contestatarios de México es el diario ‘La Jornada’, mismo que circula en todo el país, siendo el segundo de más tiraje.

‘La Jornada’ nació el 19 de septiembre de 1984, un año antes del fatídico terremoto que devastó la capital del país, dejando una estela de dolor y muerte a su paso. “Justo cuando celebrábamos el primer aniversario del periódico vino el terremoto y nos jodió la fecha para siempre” escribió la semana pasada Pedro Miguel, uno de los columnistas fundadores del diario.

Desde hace tres décadas ‘La Jornada’ se ha convertido en un medio imprescindible de la vida democrática nacional. Nos guste o no su línea editorial, es algo que debe ser reconocido. No obstante, uno pensaría que este diario subsiste de los suscriptores y anunciantes privados. Lo cierto es que buena parte de sus ingresos provienen de la publicidad que le contrata el gobierno federal. Sí, ese mismo gobierno al que ‘La Jornada’ critica reciamente.

Lo anterior no necesariamente representa una incongruencia. Los grandes y pequeños medios informativos viven, básicamente, de la publicidad. Por lo anterior, ‘La Jornada’ denunció que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha retrasado los pagos de publicidad oficial “más allá de todo plazo razonable”, situación que la ha colocado “en dificultades sin precedente”.

En el editorial del viernes 19 de septiembre, precisamente al cumplir sus primeros treinta años, el diario se pregunta sobre las razones que hay detrás del retraso de pagos cuando, a la vez, se gasta millones de pesos en difundir las reformas estructurales recientemente aprobadas.

            “Cabe preguntarse, en esta circunstancia, si los impagos mencionados son un mero descuido burocrático o una forma específica de presión sobre la línea editorial del diario […] Tal medida constituye una regresión de siete lustros a tiempos de autoritarismo presidencial que se suponía superados: ‘no pago para que me peguen’, explicó José López Portillo cuando impuso el embargo publicitario a Proceso a finales de los años 70 del siglo pasado, en lo que fue una valoración aberrante, tanto porque pretendía reducir la institucionalidad federal a su persona, como porque el erario no era suyo, sino de la nación”.

            El diario declara que por su línea editorial ha padecido una serie de medidas perjudiciales. Y “lo más grave, un bloqueo de publicidad por parte de las dependencias oficiales y de las agencias de publicidad”.

            La pregunta aquí es: ¿hasta dónde puede llegar la alardeada ‘independencia’ de cierto medio periodístico, cuando ‘depende’ en buena medida del dinero público que maneja una administración gubernamental particular? La mejor respuesta la tiene usted, apreciable lector.

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