Por Gubidxa Guerrero

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Mientras en el resto del país las multitudes se congregaban para festejar el triunfo de la selección mexicana de fútbol ante Croacia, en Juchitán la gente acudía a una concentración para exigir a las autoridades un alto a la inseguridad.

Si tanto peca el que mata la vaca, como el que le agarra la pata, ¿qué tan responsables son los caciques políticos de la ciudad de las flores que han organizado a grupos de mototaxistas sin verificar edad ni antecedentes?

En aras de ganar votantes, líderes de todos los partidos se montan en una fiera que no pueden domar. ¿Ellos brindarán la seguridad que el pueblo quiere?

Desgraciadamente, la autoridad juchiteca no puede ser juez y parte en este asunto. En tanto sus regidores y directores continúen siendo cabecillas y protectores de grupos de dudosa honorabilidad, el pueblo no tendrá paz.

Delincuentes hay en todos los sectores: ricos y pobres, profesionistas y analfabetas, hombres y mujeres. Pero no todos están respaldados por poderosos grupos políticos, como ocurre en Guidxiguié’. Y esto lo dicen los mismos taxistas y mototaxistas, que ven disminuir el pasaje por culpa de los malos elementos que desprestigian al conjunto.

Hace unos días, el conductor de cierta unidad, me decía: “Hemos hablado con nuestros líderes. Les hemos dicho que debemos ser más cuidadosos. Pero no les importa. Como ellos no andan en moto ni en taxi, les da igual”.

Lo que surgió como una manera de resolver la necesidad de transporte en las colonias periféricas, hoy se ha vuelto cotidiano en Juchitán. Los mototaxis circulan por toda la ciudad. Y como en todo, el gremio cuenta con buenos y malos elementos.

Desafortunadamente son muy notorios los delitos cometidos a bordo de estas unidades de transporte. También es común que los delincuentes huyan sobre estos pequeños vehículos, lo que ha provocado que se les satanice.

Lo cierto, es que la mayoría de quienes manejan mototaxis son personas de bien, que sólo realizan un trabajo ante la falta de mejores empleos. Mientras la situación económica en el país siga como está, la gente seguirá desempeñando trabajos como éste.

Pero la necesidad no obliga al delito. Los pocos delincuentes que se valen de una moto, un taxi o cualquier tipo de vehículo para hacer sus fechorías, deben ser detenidos y procesados. Los dirigentes políticos deben ser más estrictos a la hora de admitir elementos en los gremios que controlan; aunque eso les reste votos.

Desgraciadamente, como dijo mi amigo conductor, como ellos no utilizan estos medios de transporte ni padecen lo que sufre el ciudadano común, les da igual. ¿Y el gobierno estatal? Otro cómplice de la descomposición social. No moverá un dedo por la paz y la tranquilidad, si eso significa confrontarse con sus aliados políticos.

No nos extrañemos si el día de mañana la sociedad comienza a tomar justicia por mano propia. Ante la indefensión gubernamental, puede suceder lo que pasó en Michoacán: el camino de las policías comunitarias o de las autodefensas. La situación es crítica.

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