JUCHITAN

Cuando el corazón baila un Son.

La Teca De Oro

Muchos nos acordamos cuando iba Na María Ciro ó Na Silvia Zárate y otras tantas señoras a bailar a la Guelaguetza, señoras que contagiaban a los demás integrantes jóvenes a bailar con aquel donaire que distingue a la mujer del istmo, también recuerdo de aquellos varones que hacían un zapateado antiguo impecable.

En aquel entonces se bailaba libre, sin cuentas, sin huachapeados, sin filas coreográficas, sin cumbias, la entrada era con la marcha de Los Plateados o Zopilote Mojado fusionándose con el mítico Pitu Nisiaba (flauta de atole) al compás de Carreta Guié, trajes bordados a mano, holan de picos, descalzas o con huarache, después llegaron las zapatillas. Los varones vestidos de manta o pantalón oscuro, huaraches de charol, el sombrero de Charro 24 y el paliacate rojo abrazado al cuello.

Así pues, se escuchaba vibrante el instrumento de viento cuando empezaba La Llorana y todos los nacidos en esta tierra bendita sentíamos las ganas inmensas de llorar, la piel gritaba, el corazón palpitaba con fuerza y te sentías uno solo con la multitud, tu mente y alma se repetían al unísono «si, soy istmeño y por mis venas corre esa sangre de la gente de las nubes».

Pero un día, alguien que no es de ahí dijo: «Los Tecos bailan muy aburrido, no se sabe que bailan». Ese alguien nunca entendió que Los Tecos bailamos a destiempo, si el corazón late de diferentes maneras, ¿por qué nuestros pies no pueden acompañar los latidos del corazón?
Nuestro Son es parsimonia, cadencia, elegancia, arte, pasión y seducción.

Hoy eso ya no lo veo, hicieron un híbrido entre son y cumbia, se les ve en los labios las cuentas y no las sonrisas, en los ojos el reojo de no salir de la fila y no la mirada cómplice con la pareja, «todos parejitos para que se mire bonito», porque si los aburrimos no nos invitarán el próximo año. Cumplir a como dé lugar esas máximas «al cliente lo que pida» ó «el que paga manda».

No se puede volver el tiempo atrás y no se debe vivir de glorias pasadas, pero mi tintero hoy no se conformó con un suspiro provocado por los recuerdos.

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