SALUD

Año nuevo, salud nueva

  • La salud mental, el sedentarismo, la mortalidad infantil y el impacto climático son retos sanitarios para el nuevo año – La prevención y el diagnóstico precoz de enfermedades se verán reforzados por la atención virtual, las aplicaciones vinculadas al mundo sanitario o los ‘wearables’

Un futuro de cambios. Los nuevos retos sanitarios y las nuevas fórmulas de atención a la población configuran un futuro de cambios en la concepción la salud. Las nuevas tecnologías y el relevo de los riesgos clásicos anuncian una transformación profunda en la que los usuarios sean más «proactivos» en el manejo de su propia salud y, por lo tanto, el sistema sanitario, cada vez más cargado por la alta esperanza de vida y las enfermedades crónicas, sea más sostenible.

La atención de la salud mental, la lucha contra el sedentarismo en las sociedades industrializadas, la reducción de la mortalidad infantil en los países de renta baja y el impacto del cambio climático en la salud son algunos de los retos clave que los especialistas ponen sobre la mesa para este año que empieza.

Hace años que la informática y la transformación digital han irrumpido en el campo de la salud; así la atención virtual, las aplicaciones vinculadas al mundo sanitario o los dispositivos personales (wearables) son algunas de las herramientas tecnológicas que han venido para quedarse y que crecerán en los próximos años, herramientas que pueden ayudar a la prevención y el diagnóstico precoz de enfermedades y conseguir que los usuarios sean más «proactivos» en el manejo de su propia salud y, por lo tanto, hacer más sostenible el sistema sanitario, cada vez más cargado por la alta esperanza de vida y las enfermedades crónicas.

Los profesores de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC Carme Carrión y Diego Redolar han elaborado un informe sobre algunas de las tendencias y cuestiones que marcarán la agenda en este ámbito los próximos meses.

Aumento de las aplicaciones de salud

En el año 2017 había más de 325.000 aplicaciones disponibles en el mercado, de las cuales 78.000 se habían creado solo en un año, según la consultora alemana Research 2 Guidance. Entonces se hicieron más de 370 millones de descargas de este tipo de aplicaciones, lo que supone un incremento de un 16 % respecto del año anterior.

La profesora Carme Carrión, que es coordinadora del ámbito de diseño y evaluación de intervenciones del eHealth Center, augura que esta cifra seguirá creciendo este año y que ello responde a un modelo más «proactivo» del paciente/usuario en su salud.

Implementación a través de los dispositivos móviles

Los dispositivos personales para monitorizar enfermedades crónicas seguirán aumentando su uso. Siguiendo con la tónica de velar por la propia salud, también seguirá creciendo la venta de dispositivos ponibles (relojes, pulseras, prendas, gafas…), que entre otras ventajas permiten registrar la presión arterial, el pulso o los pasos recorridos.

En 2016 se vendieron más de 102 millones de unidades en todo el mundo, según datos de la empresa de análisis y consultoría IDC, que en uno de los últimos informes pronostica sobre todo un incremento de los relojes inteligentes (smartwatches), unos aparatos que posee la población sana de entre treinta y cincuenta años, que es su principal usuaria.

Carrión cree que un reto de futuro sería la monitorización con estos dispositivos de enfermedades crónicas, un tema que todavía está poco desarrollado. La revista Plos Biology ha publicado algunos estudios del profesor Michael Snyder, de la Universidad de Stanford, que permiten predecir personas que pueden padecer diabetes en un futuro, y en un caso pudo hacerse un diagnóstico precoz de la enfermedad de Lyme a partir de los cambios en el pulso, la temperatura y la concentración de oxígeno en sangre de un paciente.

Llegan las visitas virtuales

La relación virtual entre el profesional y el paciente irá en aumento. Cada vez más, los seguros médicos incluyen el médico en línea en las pólizas. La posibilidad de ser tratado por un facultativo sin salir de casa empieza a coger fuerzas.

Según datos de algunas aseguradoras, en el año 2020 el 25 % de las consultas médicas se hará por medio de canales digitales como el chat, la voz o la videoconferencia, una tecnología que ha llegado para quedarse.

Carrión explica que en el sistema público empieza a haber también cambios en este sentido, lo que se conoce como eConsulta, una herramienta de comunicación digital entre los pacientes y los profesionales sanitarios que complementa la atención presencial. Aunque las cifras aún son bajas, la tendencia es que vaya adquiriendo más importancia en un futuro, según la experta.

Falta de psicólogos

Faltan psicólogos en la sanidad pública. El profesor y neurocientífico Diego Redolar constata una carencia importante de estos profesionales en el sistema sanitario actual.
«La cifra de psicólogos que trabajan en el ámbito público es pequeña», asegura. En España, la ratio de psicólogos en la sanidad pública es de 4,3 por cada 100.000 habitantes, mientras que la media europea es de 18 profesionales, según datos recogidos por la Confederación de Salud Mental de España.

Un mayor número de estos profesionales sería de gran ayuda en patologías mentales como la depresión mayor o los trastornos de ansiedad. Redolar explica que actualmente la actuación más habitual en estas enfermedades es el tratamiento farmacológico, y pocas veces se opta por el tratamiento psicológico, porque es más lento y más caro. Si el paciente tuviera la posibilidad de seguir ambos tratamientos, la respuesta sería más rápida y padecería menos recaídas, añade.

Nuevas patologías

El cambio climático hace aflorar nuevas enfermedades. La aparición de casos aislados de dengue en varias zonas del Mediterráneo es, según la experta Carme Carrión, una «pequeña señal de alerta» de los efectos que puede generar el cambio climático sobre la salud.
Los cambios motivados por la climatología provocan que determinadas especies que habían desaparecido ya hace años o nunca habían existido en este país se adapten al territorio, y ello puede hacer aflorar enfermedades que pensábamos que ya habían desaparecido. Al margen de esto, el calentamiento global también tiene consecuencias sobre las cosechas o la falta de agua en países en vías de desarrollo, hechos que pueden traducirse en importantes problemas de desnutrición

Reto para reducir la mortalidad infantil

Hay que reducir la mortalidad infantil. Uno de los objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas es reducir la tasa mundial de mortalidad materna como mínimo a 70 por cada 100.000 bebés que nacen vivos y reducir la mortalidad neonatal al menos hasta 12 por cada 1.000 bebés nacidos vivos.

En regiones en vías de desarrollo, la tasa de mortalidad materna es aún 14 veces superior a la que tienen las regiones desarrolladas, una diferencia a la que quiere ponerse fin en 2030, año en el que según la ONU quiere también ponerse fin a epidemias como el sida, la tuberculosis, la malaria, las enfermedades tropicales desatendidas, las enfermedades transmitidas por el consumo de agua en mal estado y otras enfermedades que pueden transmitirse

Acabar con el sedentarismo

El sedentarismo es un grave problema. Según la última Encuesta Nacional de Salud, elaborada por el Ministerio de Sanidad, más de un tercio de la población de entre 15 y 69 años en España no llega al nivel de actividad física saludable recomendado por la OMS, que en población adulta y sana, de entre 18 y 64 años, pasa por hacer 30 minutos de ejercicio moderado cinco veces por semana.
Carrión afirma que el sedentarismo es un «grave problema» que afecta a todas las edades. Tanto hombres como mujeres aseguran que pasan gran parte de la actividad principal sentados y, su tiempo de ocio, un 37,8 % dice que se lo pasa también sentado, ya sea leyendo, viendo la televisión o yendo al cine.

El tiempo medio diario que la población pasa sentada son 5 horas, pero es más elevado entre los jóvenes de 15 a 24 años, entre los que sube a las 6 horas y media. Entre los niños, llama la atención el dato que dice que más de la mitad de los que tienen entre 1 y 4 años pasan más de una hora delante una pantalla.

Envejecimiento cerebral activo

Hay que promover hábitos para evitar el envejecimiento del cerebro. El profesor Redolar explica que uno de los retos que tiene la neurociencia en un futuro relativamente cercano pasa por identificar factores y hábitos que pueden fomentar un buen envejecimiento del cerebro.
El estudio internacional Barcelona Brain Health Initiative, coordinado por el Instituto Guttmann, y en el que colaboran varias universidades, entre ellas la UOC, trabaja por predecir todos estos factores. De momento ya se ha visto que el ejercicio físico incrementa la neurogénesis en el hipocampo del cerebro, una estructura vinculada a la memoria y el aprendizaje y donde se forman nuevas neuronas todos los días.

Explica Redolar que se ha visto que mientras el ejercicio físico aumenta la tasa de neurogénesis, el estrés la reduce. Por lo tanto, dice el experto, «si deseamos mejorar el aprendizaje y la memoria, debemos evitar el estrés y seguir unas pautas de ejercicio físico»

«Nuestro reto es comunicar a la sociedad que la persona en la vida adulta tiene que trabajar para prevenir el envejecimiento del cerebro», afirma el profesor Redolar. Del mismo modo, también es importante dar a conocer que a lo largo de la vida de una persona, también una vez jubilada, si esta ejerce una actividad mental continua (lee, estudia, hace crucigramas…), el deterioro cognitivo ligado con el envejecimiento y enfermedades como el alzheimer pueden tardar más en afectarla. La Encuesta Nacional de Salud constata que un 31,3 % de la población de más de 65 años presenta alguna dificultad cognitiva.

El ‘big data’

Los macrodatos (big data) y la inteligencia artificial ayudarán a acortar el tiempo de diagnóstico. Según la patronal tecnológica Digitales, cada 73 días los datos sanitarios se duplican y cada persona puede llegar a generar durante su vida una gran cantidad de datos sobre su salud, con los que podría llenar 300 millones de libros.

Es por ello que los macrodatos ya se aplican en este ámbito, así como se hace con la inteligencia artificial, capaz de identificar patrones ocultos en los datos que pueden ayudar a un médico a prescribir tratamientos más personalizados.

Carrión confía en que estos sistemas pueden ayudar a predecir enfermedades antes de que lleguen y ponerle remedio antes. Redolar explica que uno de los proyectos en los que están implicadas estas herramientas es un estudio de la Universidad de California Meridional que permitirá investigar la conectividad funcional del cerebro por medio de datos de neuroimagen de investigadores de todo el mundo y de forma colaborativa.

Invertir en prevención

Hay que invertir más en prevención para reducir el uso de medicamentos. Uno de cada diez ciudadanos consume tranquilizantes, relajantes o pastillas para dormir y cerca de un 5 %, antidepresivos o estimulantes, según la Encuesta Nacional de Salud. Carrión habla de una sociedad excesivamente medicada no solo en el campo de la salud mental. «Socialmente, preferimos tomarnos una pastilla que salir a caminar todos los días», explica y, en ese sentido, apuesta por la necesidad de invertir más en prevención.

Uno de los retos de la atención del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es, según Redolar, disponer de herramientas diagnósticas que permitan saber si un niño con TDAH necesita ser tratado o no con medicación y cuál puede irle mejor. «En el TDAH existen diferentes genes implicados y factores, y esto explica que la medicación pueda funcionar en un niño sí y en otro no», dice el profesor.

El doctor google

El doctor Google gana pacientes. La informática permite consultar en línea cualquier síntoma que podamos sufrir. El estudio internacional Global Views of Healthcare 2018, desarrollado por la consultora Ipsos con más de 20.000 adultos de 27 países, constata que el 43 % de personas con dudas sobre su estado de salud recurre a motores de búsqueda como Google.

El paciente está más empoderado y puede llegar a cuestionar decisiones de profesionales con información consultada en la red. Explica Carrión que esto, más que un elemento de miedo para el profesional, debería ser una oportunidad para avanzar conjuntamente en la toma de decisiones compartidas entre la ciudadanía y los médicos, que también deberían orientar a los pacientes a saber separar el grano de la paja.

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