Por Gubidxa Guerrero

Los aeropuertos suelen ser vistos como sinónimo de desarrollo. Independientemente de la necesidad que subsane, un puerto aéreo brinda cierto estatus a la ciudad o región donde se construya.

            Sin embargo, como toda gran obra de infraestructura, puede acarrear problemas si quienes están al frente del proyecto no toman en cuenta aspectos esenciales como la población donde se construirá, las condiciones de adquisición del terreno y el impacto ambiental o social.

            En el Istmo de Tehuantepec existe un solo aeropuerto funcional: la Base Aérea perteneciente a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que se encuentra entre Comitancillo, Ixtaltepec y Juchitán. Desafortunadamente su uso es básicamente militar, aunque durante algunos años se habilitó para la aviación civil.

            Salina Cruz también contó con un aeropuerto. Varias líneas aéreas brindaban el servicio para cientos de viajeros cada mes. Por diferentes inconvenientes se decidió cerrar.       Hoy sabemos de un nuevo proyecto en los terrenos del Barrio de Santa Cruz Tagolaba. Por su ubicación estratégica, este aeropuerto podría cubrir fácilmente las necesidades de transporte de toda la región istmeña e, inclusive, de poblaciones del vecino Estado de Chiapas (Arriaga y Tonalá se encuentran a dos horas aproximadamente).

            La gran interrogante sigue siendo ¿a qué costo se echará a andar este proyecto? Y no me refiero a un mero coste económico sino político y social. Por lo pronto, hemos conocido opiniones de algunos comuneros que rechazan tajantemente la construcción del aeropuerto, lo que no necesariamente alarma a los constructores, ya que este tipo de declaraciones son relativamente comunes, y suelen tener la intención de elevar el costo de la tierra al momento de la negociación definitiva.

            Este proyecto, como cualquier otro de envergadura, podrá implementarse si se piensa en la población local y en el uso racional de los recursos. Debe utilizarse todo el tacto diplomático para sensibilizar a las personas y a los inversionistas de que ésta es una magnífica oportunidad. Pero también deben crearse las condiciones sociales para que un aeropuerto funcione, ya que, ¿de qué servirá tener vuelos todos los días si no se tiene la seguridad de llegar a tiempo a la terminal aérea?

            Mientras el asunto de los bloqueos carreteros indiscriminados y las causas que los motivan no estén resueltos, será poco atractivo contar con un aeropuerto de primer nivel.

            La región istmeña necesita abrirse al mundo. Y las puertas más importantes de la actualidad son aéreas… 

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