TEHUANTEPEC

Tradición de pedir posada se está perdiendo en el Istmo.

Los peregrinos y los cantos quedan en el olvido, solo se preserva la fiesta.

Faustino Romo Martínez.


Tehuantepec, Oax.-
Las posadas son fiestas que tienen como fin, preparar la Navidad, comienzan el día 16 de diciembre y terminan el día 24 de diciembre, fiestas populares de origen mexicano, que además se han expandido más allá de México, estas fiestas recuerdan a las personas el peregrinaje de María y José desde su salida de Nazaret hasta Belén, donde buscan un lugar para alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús.

Las Posadas con simbolismo católico se crearon desde los primeros evangelizadores, el fraile agustino Diego Soria obtuvo del Papa Sixto V indulgencias para la realización de las nueve misas de aguinaldo en los días anteriores a la Navidad.

En el siglo XVIII, la celebración, aunque no dejó de realizarse en las iglesias, pasó a tomar más fuerza en los barrios y en las casas, y la música religiosa fue sustituida por el canto popular.

En el caso de Tehuantepec, durante mucho tiempo las posadas se realizaban en los atrios de las iglesias, sin embargo, poco a poco se han ido perdiendo estas tradiciones, siendo diversos factores los que afectan actualmente esta tradición, que, a dos años del terremoto de septiembre del 2017, ya no se han podido llevar acabo en los atrios de las iglesias, pues la mayoría sufrió severos daños.

Otro de los factores es la llegada de la tecnología a través de los teléfonos celulares, tabletas, etc. Esto de acuerdo al cronista municipal de Tehuantepec Rómulo Jiménez Celaya, “Hay muchos factores, entre los que se encuentran el económico, la falta de espacios, que los padres están inmersos en la vorágine del trabajo y los niños están metidos en las redes sociales y no lo digo yo, yo dice mucha gente que se ha dado cuenta que los niños y jóvenes están todo el día en el celular, cuando el teléfono se hizo para acortar distancias, pero al parecer está alejando a las familias”.

Señaló que es necesario que las familias practiquen la tradición oral y platiquen como era antes, como se celebraban estas tradiciones, como se pedía posada, pues actualmente solo son reuniones, fiestas, “Esa brecha generacional que se veía en los 80’s, cada vez es más grande, ahorita vemos que las familias están más alejadas y esa brecha generacional se hace más grande cada día”.

Recordó que las posadas se hacían en las iglesias o bien en casas particulares, “Como no recordar a la rezadora Lita y al majestuoso nacimiento que por más de medio siglo realizara en su casa el finado Goyito (Gregorio Hernández) del Portillo San Antonio. Recuerdo que la última vez que lo realizó fue en el 2007”.

“Apurando mis recuerdos me llegan las imágenes de aquellos diciembres setenteros, recuerdo que antes de dar inicio la Posada, la gente ya estaba sentada cómodamente sobre las bancas que se encontraban perfectamente distribuidas en el atrio de la iglesia o en una casa particular, según fuera el caso. Se les ofrecía horchata y galletas de animalito o galleta María, a parte, a los niños se les regalaba silbatos, espanta-suegras, serpentinas, luz de bengala y velitas de colores, el lugar se adornaba con serpentinas, guichi niñu (heno), globos, faroles y gusanillos plisados, estos estaban colgados sobre mecates (ixtle) expresamente amarados de extremo a extremo, de pared a pared”, detalló

explicó que la posada comenzaba con un pequeño rezo y se extendía a través de un paseo, llevando en andas a José y María, cuatro niños cargaban a los Santos Peregrinos y uno más se encargaba de incensar el avance de la procesión.

“Atrás de José y maría venía la rezadora y las niñas en dos filas contestando la letanía, el recorrido se detenía en frente de una puerta cerrada, que, al abrirse, dejaba pasar a tres músicos y a la mitad del total de las niñas, para que posteriormente la puerta se volviera a cerrar, mientras que afuera se quedaban José y María, la rezadora, tres músicos y las niñas restantes, quienes pedían posada. Al momento de abrirse la puerta se introducía a los Santos Peregrinos, al terminar con la letanía, una por una las niñas pasaban a despedirse de José y María y de los Santos que estaban colocados en el altar y salían a recibir su cariño, el cual consistía en horchata y bolsitas nylon llenas de galletas y dulces”, expresó.

Finalmente, Jiménez Celaya dijo que para el día 24 de diciembre, las posadas comenzaban a las doce del día, porque a partir de la cinco de la tarde se llevaba a cabo la “acostada y arrullada del niño”, Un día antes, el 23 de diciembre, el mayordomo(a) iba sin comparsa a la iglesia a traer al Niño Dios, a José y María, y los colocaba en su altar particular, por la tarde del 24 de diciembre, el mayordomo(a), la rezadora y los invitados, salían en procesión con las imágenes santas con rumbo a la iglesia, en donde las imágenes eran colocadas en el altar.

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