COORDENADAS DEL PODER.

Oscar Guerra/Politólogo. Twitter: @scarguerra

Este año que está a punto de fenecer marco a nuestro país, dejó una huella imborrable en la historia de nuestra nación. El punto de inflexión fue la desaparición y muerte de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Una atrocidad que cimbró las estructuras del poder.

En los primeros meses todo pintaba de maravilla para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Tenía ante sí la gran oportunidad de concretar reformas estructurales que posibilitarían cambios profundos para el país. El presidente de la república anhelaba pasar a la historia como un gran estadista, el hombre que logró después de muchos años mover a México rumbo al crecimiento y desarrollo.

En un primer momento, logró lo que pocos pensaban, rompió los obstáculos que impedían los grandes acuerdos entre las fuerzas políticas del país. A través del Pacto por México posibilitó reformas de gran calado, por ejemplo la reforma energética, que permitió la inversión privada en la extracción de hidrocarburos.

El Pacto por México fue la carta fuerte del actual gobierno. Se trató de una operación política de grandes dimensiones, que ciertamente tenía antecedentes pero los cuales rebasaba con creces. Su importancia radicaba en los grandes acuerdos y reformas entre las tres fuerzas políticas más implantadas en el país, situación inédita desde la llegada, en 1997, del pluralismo equilibrado en el Congreso.

En cierta medida, Peña Nieto logró desatar los nudos que aprisionaban el despegue del país. Consiguió otras reformas como la de telecomunicaciones, electoral, hacendaria, de competencia entre otras. Con ello, todas las piezas estaban perfectamente encajadas para que ante los ojos del mundo, el PRI y Peña Nieto pasaran a la historia como los transformadores de México.

Con lo que no contaban, lo que no esperaban fue la mala jugada que les tenía preparado el destino pero que sabían perfectamente que en cualquier momento podría estallarles en la cara –tal y como sucedió-. Se trata de la penetración de la delincuencia organizada en las instituciones del Estado mexicano. Un mal que ha podrido las entrañas del poder político y despedaza el tejido social.

En un municipio del estado de Guerrero, aconteció lo inconcebible, lo impensable, lo imperdonable. El abuso de poder en su máxima expresión; las instituciones del Estado participando en un acto genocida: la muerte y desaparición de jóvenes estudiantes.

Este hecho agravió profundamente a la sociedad mexicana. Es y será el parteaguas en el gobierno de Enrique Peña. Ante la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, ya nada será igual, todo se mira con una perspectiva distinta. México cambió, los mexicanos exigen justicia, anhelan la paz, desean prosperidad, asunto que hasta el momento ningún partido o gobierno garantizan.

La sociedad está en movimiento, la tensión cada vez se incrementa. Se va el 2014 pero nos deja un mal sabor de boca, una sensación de desesperanza, un estado de zozobra.

Esperamos que el mensaje sea claro para los tomadores de decisión, para quienes llevan las riendas del país, pero sobre todo para el presidente de la república, porque México ya no aguantará más la locura de la violencia, la ruptura de la normalidad pero sobre todo el crimen convertido en gobierno.

No hay comentarios

Deja un comentario